BALTASAR GARZON AMENAZA CON RAZÓN A ÁLVARO URIBE

SANTOS PRETENDE CONDENAR A URIBE CON JUEZ BALTASAR GARZÓN

"En un país de regiones como es Colombia, y más que eso en un país fracturado, escindido y atravesado por múltiples exclusiones y conflictos, donde la nación es aún un proyecto por construir y el Estado un ente tradicionalmente débil, carente de poder y aquejado por deslegitimidades históricas de gran envergadura, la violencia tiene necesariamente un dimensión regional asociada con la espeficidad del entorno regional y una dimensión temporal cuyos ritmos de desenvolvimiento no se corresponden con los de otras regiones o localidades" (Manuel Alberto Alonso Espinas, autor de "Conflicto armado y configuración regional")

ÁLVARO URIBE EN LA MIRA DEL PILTRAFA

¿Cómo me le va, Don Balti? Un "observatorio internacional de la paz" toledano ha echado mano de Baltasar Garzón Real para "someter" a Álvaro Uribe Vélez. Ay, Balti, Balti. ¿Qué sabes de la violencia secular en Colombia? La sociedad colombiana es violenta, Balti, y hablar de buenos y malos, máxime cuando el narcotráfico ha irrumpido como fuente de financiación de la guerra (cuando no de enriquecimiento de los "señores de la guerra" de ambos bandos), es una estupidez. ¿Narcoparamilitares malos y narcofarcistas buenos? Te reto, Piltrafa, a aceptarme una querella contra Andrés Pastrana Arango por haber encubierto (por dolo o negligencia) los crímenes de las Fuerzas Armadas Recolectoras de Coca (FARC) durante la nauseabunda "mesa de diálogo" entre su gobierno legítimo y la narcoguerrilla genocida. De acuerdo, si Álvaro Uribe Vélez es merecedor de sentarse en el banquillo de los acusados de la Corte Penal Internacional (sobre todo si abre negociaciones con los narcofarcistas de espaldas a las víctimas), te apoyaré sin condiciones. ¡¡Pero!! Antes procesemos a Andrés Pastrana Arango. ¿O no te gusta la idea porque tú eres -presuntamente- un hombre de izquierda y quedarías mal entre los "revolucionarios" sectarios del mundo? Balti, en Medellín (como en el resto de Colombia) un día te puedes meter entre sábanas con una testigo impune de linchamientos y asesinatos en la comuna 13 (incluso de gente inocente) a manos de milicianos y otro día (sin saberlo siquiera la dueña de la casa) dormir en una habitación donde antes descansó el narcoparamilitar Don Berna. ¿Cómo te parece, Balti? Colombia es un país muy complejo, y si los tribunales de justicia trabajaran a destajo sólo una parte de la sociedad colombiana se libraría de la cárcel. Por acción u omisión una gran parte de la sociedad colombiana tiene las manos manchadas de sangre. Oye, Balti, tengo una curiosidad. ¿Nadie en Colombia te ha llamado español de mierda? Yo no me siento aludido por Juanita Samper Ospina porque soy canario, pero tú, un aceitunero de Jaen... Por cierto, una vez nos insultaste a los nacionalistas canarios, vascos, catalanes. "El nacionalismo es un delito de lesa humanidad" (dijiste). Qué lástima que yo, siendo tan orgullosamente canario (soberano, independentista, separatista) me de asco la clase dirigente (políticos, sindicalistas, intelectuales) canaria por su imbecilidad y traición. De no ser así, Balti, tú no ponías las patas en Canarias ni arrodillado ante la Virgen de la Candelaria. Qué paradojas de la vida, ahora los nacionalistas sudamericanos te han acogido como santo y seña. Ay, Balti, Balti. ¿Y cómo va tu candidatura para el Premio Nobel de la Paz? "Aquel que no lee está en la oscuridad" (reza un letrero en la puerta de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín). Si quieren conocer la otra cara de Baltasar Garzón Real, pasen y vean.

"Mientras no afrontemos seriamente una actitud social frente a la devastadora realidad del narcotráfico, si la menor duda continuarán reciclándose nuevas formas de "cooptación" que buscan imponer la ilegalidad. Hay que hacer un replanteamiento social para configurar un Estado de Derecho en el país" (Luis Jorge Garay Salamanca, en la revista "Semana").

En Colombia, el genocidio aún no ha concluido. Lo que hicieron las Farc con los Awá fue una masacre. Pero lo importante y lo que nos corresponde es judicializar y dar resultados, no dejarlo en la impunidad. Fiscal General de la Nación.

NARCOFARCISTAS TORTURARON A MUJERES INDÍGENAS
PRESIDENTE ÁLVARO URIBE NO PODRÁ NEGOCIAR
CON ESTA NARCOGUERRILLA GENOCIDA

La guerrilla colombiana de las FARC torturó a ocho indígenas Awá que asesinó en febrero, y a dos mujeres que estaban embarazadas de siete y ocho meses les abrió el vientre y les sacó los fetos, denunció este jueves el líder de los indígenas colombianos, Luis Andrade. "Encontramos los cuerpos abiertos desde el cuello hasta el estómago y sin los fetos", dijo a la AFP Andrade en declaraciones telefónicas desde el departamento (provincia) de Nariño (sur y limítrofe con Ecuador). "Todos los cuerpos estaban torturados", agregó el presidente de la Organización Indígena Nacional de Colombia (ONIC), al referirse a los cinco cadáveres que hallaron de al menos ocho indígenas que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) reconocieron haber asesinado. El grupo guerrillero argumentó que los "ejecutó" por ser informantes del Ejército. Según denunció inicialmente la ONIC, a principios de febrero las FARC habrían dado muerte a 18 aborígenes Awá que habitaban en el resguardo Tortugal, en una apartada zona del sur de Nariño. Tras la matanza, unos 1.300 indígenas salieron huyendo. "A la gente se le nota hasta en el rostro el terror por las FARC, porque les han dicho que los van a degollar", dijo Andrade al requerir del gobierno protección para que los desplazados puedan regresar a su resguardo. Unos 600 indígenas dieron este jueves por concluida la búsqueda de los cadáveres de sus compañeros asesinados por las FARC, que habían emprendido el 23 de marzo internándose en la espesa selva húmeda de Nariño, bajo el riesgo de los campos minados puestos por esa guerrilla, según indicó Andrade. Información.

MUERTO EN CAUTIVIDAD MAYOR DE LA POLICÍA

CRUELDAD TAMBIÉN CON LA FAMILIA

MALDITOS ASESINOS "BOLIVARIANOS"

Una ducha de agua fría: tal fue el regalo que recibieron los colombianos de parte de las Farc, las cuales, al filo del Año Nuevo, declararon que no habrá intercambio humanitario con el presidente Uribe. O sea que si este sale reelegido –como es probable que suceda– no les importará mantener como esclavos en la selva a los secuestrados por otros cuatro años. La primera reacción ante los dos comunicados de las Farc, fechados el 29 de diciembre y que circularon por Internet el 2 de enero, es de indignación. Uno trae su “saludo de año nuevo”; el otro se titula ‘Con Uribe no habrá intercambio humanitario’. En el primero desean “al pueblo que luche; a la oligarquía, sensatez”. El segundo ostenta esta frase: “El principal obstáculo que tiene el Acuerdo Humanitario es la ausencia de voluntad política en el actual Presidente de Colombia”. Si no fuese porque el país está habituado a los olímpicos pronunciamientos de las Farc, lo más insólito de estos comunicados sería la forma como omiten por completo su responsabilidad. Son ellas, autoras de esa forma moderna de esclavitud que es el secuestro, las primeras que deberían mostrar “sensatez”. ¿Acaso han mostrado un ápice de “voluntad política”? No se diga para el intercambio o la paz, sino para poner freno a prácticas horrendas en las que perseveran con fría eficacia, como el secuestro, el desplazamiento, el homicidio de civiles inermes o el reclutamiento de niños. El Gobierno está en el deber de hacer todo lo posible por devolver a los secuestrados a sus familias. Pero los primeros responsables de este drama son los secuestradores. Es de un infinito cinismo que pretendan transferirle al Gobierno la responsabilidad de que sus víctimas se estén consumiendo en la selva, algunas de ellas por ocho años ya. Dicen que, por intereses electorales, esta administración “ha lanzado al despeñadero todo un esfuerzo diplomático” de España, Suiza y Francia para la creación de una zona de seguridad en Florida (Valle), que posibilite el intercambio. ¿Acaso su comunicado no convierte también en moneda electoral este drama, intentando usarlo contra el Presidente-candidato? Es legítimo indignarse ante gente que con una mano escribe de “voluntad política” y con la otra no vacila en matar a sus secuestrados y cobrar el rescate varias veces, o en estirar sus vidas al límite y escatimar pruebas de supervivencia, negándose a negociar. Sin embargo, más allá de esta primera reacción y de la comprensible desilusión entre los familiares de los secuestrados, hay que mirar las cosas de frente. Ya lo habían dicho quienes conocen a las Farc: no era probable que aceptaran la nueva propuesta. No le van a hacer el ‘favor’ a Uribe de un acuerdo, en medio de la campaña por su reelección. Tampoco fue lo más acertado de parte del Gobierno hacer pública la propuesta de los tres países. Que aceptara despejar 180 kilómetros cuadrados es un cambio importante. Pero la viabilidad de un acuerdo de este tipo reside en que solo se publique cuando ya las partes lo hayan convenido. Las movidas unilaterales dificultan llegar a lo que cuenta: sacar libres a los policías, militares y civiles secuestrados. Y, como ahora, las Farc aprovechan para salir tranquilamente con un nuevo desplante. No todo es negro. Pese a sus afirmaciones terminantes, las Farc reconocen “los buenos oficios” de los tres países, cuya propuesta dicen no conocer. Cabe la posibilidad de que se reúnan con los extranjeros y, a partir de allí, de que se presenten nuevos desarrollos, quizá más alentadores que el chorro de agua fría de Año Nuevo. Leve esperanza, es cierto, después de este nuevo golpe que recibe la posibilidad de un acuerdo de intercambio humanitario. Otro más en una larga lista. Y que solo podría empeorar si la suerte de los secuestrados se convierte en moneda electoral. A las Farc, de cuyo cinismo y crueldad no quedan dudas, no cabe pedirles que no lo hagan. Pero impedir que ello suceda es el mínimo respeto que el Gobierno y la sociedad debemos a los hombres y mujeres que sufren en la selva en manos de sus secuestradores.

Fuente: El Tiempo.

SECUESTRADOS EN CAMPOS DE EXTERMINIO

El ‘canje humanitario’, única tribuna que tienen las Farc para hacer política. No debe extrañar a nadie que las Farc hayan rechazado la propuesta de tres países europeos para facilitar el encuentro de los voceros de la guerrilla y el establecimiento colombiano con el fin de negociar la liberación de 63 secuestrados. No debe extrañar ni siquiera que a una propuesta tan cercana a sus propias exigencias y planeada con milimetría para generar avances y no retrocesos hayan contestado con argumentos tan pobres, casi infantiles, que se resumen en la amenaza de que mientras Álvaro Uribe sea presidente no habrá canje ni diálogo alguno. Durante el gobierno de Andrés Pastrana, las Farc tuvieron casi cuatro años completos de plaza pública al tiempo que seguían extorsionando, secuestrando, asesinando, traficando y arrasando regiones enteras. La gigantesca área de distensión cedida por Pastrana les significó convertirse en un centro de atención política en el que se mantenían periodistas nacionales y extranjeros con sus cámaras y equipos satelitales, y a donde llegaban frecuentemente personalidades de la política y los negocios, tanto de aquí como de afuera. Con la llegada de Uribe al poder, las Farc se fueron replegando en la selva y las altas montañas y la vida se les tornó más compleja. Un importante ideólogo de esa guerrilla que se acogió a los planes de reincorporación social, alias ‘Plóter’, afirmó que de tener combates esporádicos en tiempos de Pastrana pasaron a tener refriegas con el Ejército a diario y hasta se vieron obligados a hacer las necesidades corporales con el fusil en la mano y montado, sin seguro. La diferencia es notable. Los cabecillas de las Farc deben sentir nostalgia por esos tiempos de vanidosa exhibición y ver con envidia la atención que convoca el subcomandante Marcos, sin disparar un tiro, conocido ahora como el ‘Delegado Zero’, y de paseo por todo México como cualquier harlista burgués. La realidad política de las Farc se transformó tánto de un gobierno a otro que de las extensas entrevistas que daban acerca de lo humano y lo divino, pasaron a sólo ser atendidas por un tema: el ‘canje humanitario’. Eso se convirtió en su única alternativa de hacer proselitismo político, incluso a través de las pruebas de supervivencia. Gracias a esos secuestrados, la guerrilla tiene voceros gratuitos: la Iglesia, los familiares de los secuestrados, los políticos de medio pelo y de pelo entero que buscan pescar en río revuelto y muchas entidades, gobiernos y personas que, bien intencionadas en su mayoría, se han dejado manipular de las Farc y han creído en humanitarismos de última hora. Al decir que con Uribe no habrá canje, la guerrilla se apunta al caballo cojo porque los colombianos no van a caer en un chantaje a cambio de nada. El mensaje de la guerrilla es: ‘no voten por Uribe’, y el premio sería la devolución de tres gringos y un alemán, 37 militares y policías –algunos hasta con ocho años de secuestro– y 22 políticos. Esa espada de Damocles, sin embargo, ha sido carcomida por la costumbre: las Farc han asesinado a muchos extranjeros, sólo en diciembre dieron de baja cerca de 40 militares y policías, y no pocos políticos cayeron por el accionar de sus fusiles en el 2005. Si bien Íngrid Betancourt cautivó a los franceses, aquí no muchos meterían por ella las manos en el fuego... Fuego es precisamente lo que ofrecen las Farc, los cinco mil secuestrados con fines extorsivos que reporta la fundación País Libre no entran en el juego y los guerrilleros que queden libres, unos 500, nos van a seguir dando en la cabeza. Esa es la alternativa que las Farc le ofrecen al pueblo colombiano: "no vote por Uribe y reciba un mazazo gratis". En el fondo, sería muy útil que la guerrilla tuviera escenarios de expresión política para que tengan una alternativa de expresión distinta a echar bala. Acaso vayan entendiendo que Colombia no es tierra fértil para sus delirios y se sometan a un acuerdo político muchos muertos antes de los que hoy se avistan.

Fuente: Saúl Hernández Bolívar.

FARC EXPERTAS EN MASACRES

El 31 de diciembre de 2004 guerrilleros de un frente regional de las Farc al mando de Julio Ramiro Fuentes, en momentos de plena celebración de la fiesta de Año Nuevo llegaron a una casa del municipio de Tame, Arauca, cerca de la frontera venezolana. Abrieron fuego con armas cortas y largas contra sus habitantes, quienes preparaban en esos momentos carnes y refrigerios para los niños y los hombres que bebían algunos tragos, mientras algunas mujeres conversaban y trabajaban para los asistentes. Los guerrilleros, vestidos de civiles, causaron 16 muertos, entre ellos cinco niños que esperaban vivir no solo el año 2005, sino muchos años más. El equipo de sonido recibió dos tiros de fusil y calló sus notas de joropos y vallenatos. La justificación de esa masacre la cuenta una hija del comandante guerrillero citado, ella de 22 años, acusada de vivir en un corregimiento cercano de Tame, zona de autodefensas. En consecuencia, ella era “auxiliar de los paras”. Ya había sido advertida de las intenciones de su padre. Por lo tanto no asistió a la fiesta de despedida del año y cuenta la historia de esa manera. Y porque antes de esa noche su padre, el guerrillero de las Farc Julio Ramiro Fuentes, había intentado “lavar su honor” en un atentado que no logró coronar. En Tarazá, corregimiento El Doce, en Antioquia, el 24 de agosto de 2005, tropa guerrillera del Frente 36 de las Farc llegó a la vereda Las Palomas y fusiló a catorce campesinos y luego los degolló, como es su perversa costumbre. Los acusaba de ser paramilitares, pero según el Secretario de Gobierno del municipio de Valdivia, Fernando Zapata, eran personas humildes que trabajaban el campo y de eso vivían. Tarazá es una localidad a orillas del Río Cauca, situada e la carretera que conduce a la costa norte, al igual que los municipio vecinos de Valdivia y Cáceres, ubicados no solo a lo largo del río en una calurosa zona donde el promedio es de 28º centígrados, en una amplia región que comprende el Bajo Cauca, cercana a el Bagre y Zaragoza, toda ella famosa por la minería de aluvión, hoy en decadencia y disputada por la guerrilla desde hace muchos años y luego por las autodefensas. Pero es además vecina cercana de las altas montañas del Paramillo. Allí se asienta Ituango donde en 1997 ocurrió la masacre de El Aro causada por las autodefensas. Ese mismo nudo del Paramillo ha sido refugio de las Farc y zona de cultivo coquero. En Las Palomas estaban alrededor de treinta personas aquel día fatal. Los campesinos sabían los pasos de los farianos por la zona, pero no esperaban ser agredidos. Las mujeres, al verlos llegar, recogieron a los niños, pero los hombres desarmados, como son en general los cultivadores agrícolas de zonas fronterizas con la colonización o con tierras en disputa por la confrontación, no hablaron mucho porque los rodearon con sus armas apuntándoles a sus cuerpos. Ante la inminencia de la muerte algunos corrieron. Los demás no alcanzaron a hacerlo y los mataron. Luego los degollaron. La acusación: “paracos”. Lo cierto es que eran campesinos raspachines como parte de su oficio rural. Seis heridos llegaron a Valdivia y contaron los hechos. “Los raspachines son enganchados como lo fueron los trabajadores de la Casa Arana en las caucheras donde se les masacró caprichosamente, tal como lo describe Rivera en La Vorágine… ¿Habrán pensado en esto el Padre Izquierdo, Redepaz, el Señor Vivanco? ¿Qué respuesta tienen ante esta inhumanidad las facultades de Derecho, los grandes juristas, los profesores de ética y bioética?”, escribió Darío Ruiz Gómez en su columna de EL MUNDO a las pocas horas. Esta salvaje práctica de masacrar a los reales o presuntos simpatizantes, auxiliadores o simples cohabitantes de zonas donde están sus enemigos, matándolos y después degollándolos, se hizo patente cuando el Quinto Frente de las Farc asesinó a decenas de trabajadores bananeros en Urabá, en la etapa posterior a la desmovilización y reinserción del EPL con iguales argumentos y procedimientos como la masacre del Bajo del Oso, a un kilómetro de Apartadó en 1996. En esa ocasión, por ejemplo, era las seis de la mañana. Un bus lleno de trabajadores bananeros, hombres y mujeres, fueron apeados de dicho vehículo que se dirigía a una finca bananera. Estaban desarmados, como es natural. La guerrilla los bajó del bus, les amarró las manos con cabuyas, vendó sus ojos y los fusiló. Luego los degolló. Eran 25 personas, entre ellas una mujer en embarazo muy adelantado. Suficientes ejemplos, pero se podrían multiplicar por docenas. Las masacres según el DIH son la forma de conjugar un genocidio: la muerte colectiva intencional aplicada a enemigos políticos civiles.

Fuente: Jaime Jaramillo Panesso.

DERECHO INTERNACIONAL HUMANITARIO

Para los organismos internacionales como las Naciones Unidas y la Human Right Watch, volvimos a ser los campeones entre los países de la región respecto a la realidad de los DDHH. Lógico, somos un país con un conflicto armado que nos ha costado 40 años de dolor y sufrimiento. Los veedores del exterior concluyen que son los grupos armados ilegales, los principales responsables. En una incoherencia que sólo se puede explicar por la pérdida de rumbo ideológico y político, no sobra recordar la norme distancia que separa las intenciones escritas de las realidades cotidianas. Las FARC en sus manuales y normas internas de comportamiento determinan que el derecho a la vida “es nuestro principio fundamental” y ordenan estudiar y practicar el DIH “de acuerdo con las condiciones de nuestra guerra revolucionaria”. Durante las negociaciones fallidas de paz, con el gobierno anterior de Pastrana, incluyeron en la agenda pautas como la desvinculación de los niños o menores del conflicto armado, restringir el uso de las minas antipersona, respetar a la población civil y la vigencia de las normas internacionales. El ELN también tiene su propio código de guerra con pautas, en el papel, humanizantes. Las AUC, desde 1998, también hicieron públicos compromisos en tal sentido reiterados en septiembre de 2002. El Estado, por su parte, ha mejorado su disposición frente al DIH y los DDHH. A pesar de que las entidades territoriales, regionales y locales y las comunidades, tienen poca competencia para asumir por sí mismas la defensa y concreción de los DDHH y el DIH en sus territorios, por la visión legalmente centralista y piramidal de todo lo que tiene que ver con el manejo de la seguridad ciudadana, cada vez son mayores las iniciativas ciudadanas, locales y regionales, interesadas en hacer más vivibles y gobernables a los pueblos y las ciudades. Campesinos, indígenas, pobladores urbanos, gobernantes, han desarrollado múltiples experiencias de cara al conflicto armado con efectos limitados y transitorios por no hacer parte de una política nacional de humanización sostenible. La defensa de la vida, la integridad y la libertad, son los derechos que más capacidad de movilización despiertan en Colombia. Antioquia ha sido un escenario privilegiado del conflicto armado, del desbordamiento del narcotráfico y de fuertes violaciones de los DDHH y el DIH. Pionero hasta hace pocos años en homicidios y secuestros con unas tasas superiores a los promedios nacionales e internacionales; solamente a partir del pasado año 2005, después de varias décadas, la principal causa de muerte de los antioqueños dejó de ser el homicidio, superado por las enfermedades isquémicas del corazón. Antioquia es la región que más le aporta a la reducción nacional de las muertes violentas y los secuestros. La preservación del derecho a la vida y la equidad social, son la columna vertebral del programa de gobierno de la Administración departamental de Antioquia. La creciente concientización de la población antioqueña alrededor de la vida, la integridad y la libertad, es el resultado de diversos y anclados procesos democráticos y participativos, no exentos de explicables deficiencias y dificultades. Las Asambleas constituyentes departamental y municipales, los Laboratorios regionales de paz, la filosofía de la no violencia como una opción pacifica y viable, camino en el cual ofrendó su vida el anterior gobernador Guillermo Gaviria Correa y su Asesor de Paz Gilberto Echeverri Mejía en un acto irracional de las FARC. Todo un legado propio de esta tierra que le brinda sostenibilidad a las políticas nacionales encarnadas en una fuerza pública de gran labor. Varias instituciones, creadas por el gobierno de Antioquia, atienden nuestra preocupación por el respeto y defensa de los DDHH y el DIH: El Comité Departamental de DDHH con representación de entidades públicas, de la sociedad civil e internacionales, recibe e indaga denuncias de violación de derechos humanos por parte de todos los actores, incluyendo la fuerza pública, y las tramita con la Fiscalía, la Procuraduría y la Defensoría del Pueblo, organismos investigadores y sancionadores e igualmente con la comandancia militar y policial. Se brinda capacitación a los miembros de la fuerza pública en convivencia ciudadana, DDHH y DIH. Actualmente trabajamos en la creación de los respectivos Comités de DDHH en todos los municipios de la región. La Comisión Humanitaria de Antioquia, igualmente de amplia representación social e institucional, propende por la humanización del conflicto conminando a los actores ilegales para que detengan las prácticas bárbaras y degradantes que generan dolor en la población civil. El Comité Departamental contra el uso de las Minas: construyó un sistema de información diario sobre esta temática, hace seguimiento y brinda atención a las victimas, que hoy se encuentran organizadas y capacita multiplicadores para prevenir accidentes. Contamos con iniciativas para institucionalizar y visibilizar las violaciones a la misión médica, la desaparición y el desplazamiento forzado (atendiendo el instrumento de las alertas tempranas y los informes de riesgo), los delitos sexuales contra mujeres y niños por parte de todos los actores y sectores, y una iniciativa de humanización de las cárceles construida alrededor del programa compartido con otras entidades “delinquir no paga”, concertada con las mesas de trabajo existentes en los centros de reclusión. El respeto y acatamiento de los DDHH deberá ser una prioridad, así la mano degradada del conflicto armado toque a nuestra puerta o la del vecino.

Fuente: Jorge Mejía Martínez.

GANANCIA POLÍTICA DE LAS FARC

Me da rabia reconocerlo, pero las Farc están jugando muy bien sus bazas políticas. Pocas veces han utilizado de forma tan hábil la violencia para sus fines como en el caso de los congresistas y diputados secuestrados. La otra noche, por Telesur –la televisión de Chávez– conocí la noticia de la petición de asilo político de los tres ex diputados del Valle. Primero mostraron íntegros los mensajes de dos de ellos, duros contra el presidente Uribe. Luego apareció el vicepresidente venezolano, José Vicente Rangel, recordando que su país tiene una amplia tradición de acoger asilados políticos y que recibirían a los colombianos. El canal chavista dejó claro que esos hombres no pueden vivir en Colombia en libertad, pero lo que ya no establecía de forma nítida eran las razones. Flotó en el aire la idea de que si bien la guerrilla tenía algo que ver en ello, mucho más el Gobierno. Con esa solicitud, las Farc ganan dos cosas: meten en el juego del intercambio a Chávez, a quien admiran y de quien se han servido alguna vez. De paso, le dejan como un impulsor de la paz, un hombre dialogante. Y dan la imagen en el exterior de que en Colombia la situación no es tan buena como predica el Gobierno, puesto que hay personas que deben exilarse. Conocemos días más tarde la propuesta de algunos familiares de los diputados del Valle de una consulta popular sobre el intercambio humanitario. En un primer momento quieren que sirva para presionar el acuerdo; después, cuando reciben el respaldo del Gobierno para realizarla y asoman las primeras críticas, entre ellas de otros familiares, cambian de parecer. Indican que no pretenden obtener un resultado cuantitativo sino sensibilizar a la opinión pública. Es la tercera ganancia de las Farc: la consulta no está destinada a presionarlos a ellos puesto que todo colombiano sabe que la opinión de sus compatriotas les importa tanto como el cultivo de la alcachofa en el Yemen. Es decir, está dirigida a un Presidente que ignora el clamor del pueblo. En ese caso tuvieron otra ganancia adicional porque la confusión creada entorno al padre de la idea y al tipo de pregunta hizo que las críticas llovieran sobre Casa Nariño, abonando la idea de que Uribe juega con el sentimiento de las familias para obtener réditos electorales. Por último, viene el ministro de Exteriores francés para recordar que su gobierno trabaja por la libertad de los secuestrados, no solo de Íngrid. Y es una labor de acercamiento y confianza con la guerrilla. Cuarta ganancia: las Farc no pueden ser tan terroristas como las pintan cuando los franceses se la pasan buscando con ellos salidas negociadas a un problema que no es, por tanto, sólo de índole criminal como sí ocurre en Irak. En Francia se coloca al mismo nivel la responsabilidad sobre la falta de acuerdo en el lado gubernamental que en el subversivo. Además, a las Farc les queda abierta una puerta para hablar con gobiernos europeos, opción que se les cerrará en cuanto solo tengan secuestrados con fines económicos que a nadie por ahí fuera preocupan. Con todos mis respetos a los familiares de los secuestrados, cuyo dolor y desesperación justifica desde mi punto de vista cualquier acción encaminada a lograr la libertad, les digo que esos pasos fortalecen a las Farc y alejan a los rehenes de sus casas.

Fuente: Salud Hernández-Mora Zapata.

POLITIZACIÓN DEL SECUESTRO

Es ya un hecho que los diputados vallecaucanos secuestrados por las FARC pasaran a convertirse en un grupo político beligerante bajo el mando de Álvaro Leyva Duran. Pedir asilo a Chávez significa dos cosas: que huyen de un gobierno despótico que les ha negado sus derechos políticos, cerrando sus directorios, amordazando sus publicaciones. De este modo "demostrarían" que en Colombia no hay libertad política y sí la hay plenamente en Venezuela. Desde el otro lado de la frontera asimilados a los principios de la revolución bolivariana seguramente los estaremos viendo a través del famoso canal de TV chavista, hablando bellezas del régimen que los ha acogido y denigrando del “oprobioso régimen uribista”. Tendrían por supuesto que callar lo que han sufrido en medio de la selva, las ignominias a que fueron diariamente sometidos por los más despóticos carceleros. Ya hemos visto a través del ojo evetado por el odio, de la madre y el marido de Ingrid Betancur que la politización de estos secuestros, tal como lo comprueba la histeria escenográfica de ambos, ha ido restando puntos al enfoque verdadero del secuestro y a su repudio, que tiene que ser ante todo un repudio moral por constituir el más grave atentado contra la dignidad humana. Y ¿el otro francés secuestrado y dejado en el olvido por “no ser nadie”? ¿se ha preocupado el gobierno norteamericano por la suerte de sus tres ciudadanos secuestrados? ¿y los otros miles de colombianos anónimos dejados igualmente en el olvido por no hacer parte de un grupo político o económico? Es aquí donde se pone de presente la degradación de nuestras costumbres, de nuestras juridicidades, de aquellas normas que en toda verdadera sociedad mantienen el imperio de la justicia. ¿Quién habla del dolor de las familias, del nudo en la garganta que quiere reventar a través de días que son años y de años que son siglos? Nadie habla pues en un lenguaje signado por lo humano. La izquierda calla cautamente ante este tema, elude el enfrentar una responsabilidad que cada vez es más impostergable. Si un candidato presidencial coloca el intercambio humanitario entre sus promesas electorales a cumplir, quiere decir que le importa más su figura de candidato que el cumplimiento como ciudadano del deber impostergable de exigir la inmediata libertad de los secuestrados a las FARC. ¿más años de sufrimiento, de dolor? Quienes padecen este horror ya no pueden resistir, este juego hipócrita que ha convertido a seres humanos en piezas de ajedrez. Politizar el crimen del secuestro no es pues una posible y justa salida ante el permanente chantaje de las FARC, sino la demostración de que para ciertos pescadores de aguas revueltas cualquier medio justifica cualquier fin.

Fuente: Dario Ruiz Gómez.

RECLUTAMIENTO DE NIÑOS

Acusan a jefes guerrilleros por reclutamiento de menores Niños en filas de las FARC. Basados en cifras entregadas por HRW , en las que se dice que las Farc es el grupo con mayor número de menores de edad en sus filas, la Fiscalia ordenó investigar a los máximos jefes de ese grupo guerrilero. Según datos entregados por la organización Human Rights Watch (HRW), entre los grupos armados colombianos hay más de 11.000 niños combatientes, una de las cifras más altas del mundo, y un alto porcentaje de ellos han sido reclutados por las Fuerzas Revolucionarias de Colombia, Farc. Por este motivo los máximos jefes de la guerrilla de las Farc fueron acusados formalmente por la Fiscalía General de Colombia como «presuntos autores de los delitos de reclutamiento ilícito de niños y niñas, y de instigación a delinquir». Según la Fiscalía la decisión de acusar a los jefes de las Farc fue adoptada por un fiscal de la Unidad Nacional de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario, y recae sobre Guillermo León Sáenz Vargas, alias «Alfonso Cano»; Luciano Marín Arango o «Iván Márquez»; Rodrigo Londoño Echeverry, conocido como «Timochenko»; Noel Matta Matta, alias «Efraín Guzmán», y Jorge Briceño Suárez o «Mono Jojoy». De igual manera fueron acusados por los mismos delitos José Aquileo Herrera Téllez, alias «Javier», y Janer Godoy Uribe, conocido en las filas rebeldes como «El Cura». Esta acusación de la Fiscalía excluye a conocidos jefes de la cúpula de las Farc como su comandante máximo, Manuel Marulanda Vélez, alias de Pedro Antonio Marín, más conocido como «Tirofijo», y «Raúl Reyes» cuyo verdadero nombre es Luis Eduardo Devia. El fiscal imputa a los acusados por una acción del Ejército, a mediados de 2001, en Soto, en el departamento de Santander, nordeste, donde las tropas detuvieron a no menos de 50 niños y niñas que integraban la ‘columna móvil Arturo Ruíz’ de las Farc. Las fuentes de la Fiscalía aseguran que esa facción «tenía la misión de recuperar el territorio perdido en aquel departamento con los grupos de autodefensas». Y agregan que los menores «fueron llevados a campamentos insurgentes donde recibieron entrenamiento militar y estuvieron en contacto con los guerrilleros hoy acusados.»

Fuente: Diario El Mundo.

NARCOTRAFICANTES CONTRA ERRADICADORES

En la zona de mando de la Operación Colombia Verde, un grupo de las Farc atacó ayer a la escolta de los erradicadores manuales que trabajan en el parque natural de La Macarena. El saldo, anoche, era de dos oficiales y cuatro patrulleros muertos, todos pertenecientes al escuadrón móvil de carabineros (Emcar) de Santander. También se reportó un guerrillero muerto. Otros siete policías quedaron heridos, lo mismo que uno de los erradicadores. Con granadas de mortero y tiros de fusil fueron muertos el capitán Rosendo Vigoya Umaña, el teniente Fernando Andrés Aux Portilla y los patrulleros Alexánder Hinestroza Castañeda, César Augusto Urrego Jiménez, Luis Alfredo Vidales Aya y Jaime Rodríguez. Las personas heridas eran atendidas anoche en un hospital de San José de Guaviare (Meta), mientras que los cadáveres permanecía en la morgue local para de los requerimientos legales, antes de ser trasladados a sus lugares de origen, la mayoría de Santander. Con el propósito de contrarrestar la intención de las Farc de impedir la erradicación manual de cultivos ilícitos en esa región del país, el presidente Álvaro Uribe Vélez anunció desde Putumayo el traslado a la región de un importante refuerzo militar. "Son héroes de la Patria, han muerto en la tarea de liberar ese parque de las garras del terrorismo. Hoy mismo estamos trasladando otro batallón militar antinarcóticos a La Macarena, para proteger a nuestros erradicadores y continuar con el propósito de erradicar hasta la última mata de coca del parque", dijo. La Operación Colombia Verde tiene como fin erradicar de forma manual unas 4.500 hectáreas de matas de coca que, a juicio del Gobierno, sembró la guerrilla de las Farc. En la erradicación, que es coordinada de manera personal por el director de la Policía Nacional, general Jorge Daniel Castro, "participan 600 erradicadores manuales, que cuentan con la seguridad de 2.500" uniformados, "apoyados por helicópteros y el avión fantasma", explicó el Servicio de Noticias del Estado (SNE). Hasta la semana pasada, los erradicadores habían barrido 300 hectáreas.

Fuente: Diario El Colombiano.

CAMILO TORRES RESTREPO

Hoy hace cuarenta años, el sacerdote Camilo Torres Restrepo murió en un enfrentamiento entre la guerrilla y el Ejército en el corregimiento santandereano de Patio Cemento. Hacía cuatro meses se había unido al ELN, y no había combatido aún. Ni fusil propio tenía y quería conseguir en la batalla el arma que le permitiera ser un guerrillero como todos. Su vida no era, sin embargo, la de una persona como todos. Y su muerte produjo un profundo impacto en el país y allende las fronteras. Nacido en una familia de clase alta de Bogotá, Camilo abandonó sus estudios de derecho para responder a una repentina vocación religiosa. Desde el seminario, su preocupación por los temas sociales fue evidente y después de ordenarse hizo un postgrado en sociología en Lovaina. Al volver graduado en 1959, se vinculó a la Universidad Nacional, como capellán y profesor, y allí estableció las relaciones personales y políticas que lo vincularían cada día más a la izquierda radical de la época. Sus experiencias como párroco y representante de la Iglesia en el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria lo convencieron de la urgencia de cambios sociales drásticos en el país. En 1965, poco después de que apareciera en Colombia el ELN, lanzó su movimiento político, Frente Unido, lo que provocó un duro conflicto con la jerarquía eclesiástica, que lo llevó a retirarse del ejercicio sacerdotal. El Frente Unido tuvo una acogida inicial extraordinaria: las gentes se agolpaban para aclamar al sacerdote que prometía organizar al pueblo para su redención. Resultó sorprendente que, en medio de tal movilización popular, Camilo decidiera irse al monte. Sin duda, fuera de razones personales –temor ante amenazas, valoración cristiana del sacrificio personal–, influyó decisivamente la teoría política dominante en la izquierda: para casi todos sus miembros, ingenuamente ilusionados por el ejemplo de Cuba, participar en política legal era hacer el juego a los opresores y la única lucha seria era la lucha armada. El ELN, en especial, veía a la guerrilla como una especie de testimonio cristiano de vida y de compromiso heroico con el pueblo. La muerte de Camilo creó un primer mito de la lucha armada latinoamericana, un ícono del guerrillero santo y de manos limpias que pronto sería seguido por el "Che" Guevara. La calidad humana de Camilo, su limpieza y desinterés personales, su valor académico, su figura carismática, sirvieron, tras su muerte, para justificar una aventura que solo ha traído males a Colombia. Al unirse, con convicción y buena fe, a una guerrilla que había empezado a abandonar las reglas humanitarias de la guerra –el secuestro y la extorsión de civiles eran ya parte de la estrategia armada–, que se enfrentaba a una sociedad democrática y con canales, estrechos, pero existentes, de oposición y disidencia, ayudó a consolidar entre la izquierda una opción nefasta. La lucha armada trajo a Colombia años de degradación y sufrimiento, contribuyó a debilitar el respeto a la ley y los derechos humanos por parte del Ejército colombiano y generó como respuesta perversa el monstruo del paramilitarismo. Uno de sus peores efectos fue el de retrasar por décadas el surgimiento de una izquierda democrática viable. Para el sindicalismo y los luchadores sociales definir su relación con la guerrilla era el más serio dilema. Los principales grupos de izquierda necesitaron veinte años y la caída de la Unión Soviética para dejar de ver con simpatía la lucha armada y oponerse abiertamente a ella. El más claro signo de madurez que puede dar hoy el país, en vísperas de unas elecciones decisivas para la izquierda misma, es mostrar que cree que la participación política legal es posible y útil. Es aceptar que las limitaciones e imperfecciones de nuestra democracia no pueden corregirse sino con los instrumentos propios de la democracia: el debate, la participación ciudadana y el voto. Y el homenaje más apropiado a la memoria de Camilo Torres es sostener la vigencia de sus ideales, al mismo tiempo que rechazar con firmeza la lucha armada como el camino para lograrlos.

Fuente: Diario El Tiempo.

ESCRIBIENDO CON ODIO

Está llegando lejos María Jimena Duzán Sáenz en su columna de "El Tiempo". No solo describe a la actual sociedad colombiana como sociedad paramilitar, sino que parece querer decir que el gobierno nacional es la proa de ese buque. Escribe columnas inyectadas de odio. Su rencor probablemente proviene del vil asesinato de su joven hermana, la inolvidable Silvia, ametrallada en una mesa de heladería en Cimitarra (Santander), al final de la década de los ochenta. Con Silvia Duzán murieron tres amigos míos. Campesinos colonos ellos, habitaban la selva del Carare, desde finales de los años sesenta, antes de que a la región llegara la guerrilla. Se trataba de una comunidad emprendedora, honesta y solidaria que transformaba la selva en potreros, sin ninguna planeación ni financiación, ni técnica agraria. Cuando llegó, la guerrilla llegó para quedarse y para obligarlos a colaborar. El ejército nacional entró detrás de la guerrilla. Hizo de mis amigos objetivo militar, por colaboradores de los revolucionarios. Varios fueron muertos en el transcurso de los años. Varios fueron llevados presos, varios fueron torturados. Un gran mal hizo la guerrilla al arrastrar hacia la violencia oficial a los pacíficos colonos. Desde finales de los setenta hicieron presencia en la zona grupos paramilitares. Campesinos y hacendados vinculados a la región, agrupados y armados para defenderse del secuestro, el boleteo, el abigeato, el desplazamiento. Mis amigos hablaron tan claro como las circunstancias permitían y declararon que no apoyaban ni a unos ni a otros. Que su interés era vivir en paz y trabajar en familia. Hablamos de unas cuatro mil personas distribuidas en varios miles de hectáreas a lo largo del río Minero, que desemboca en el río Magdalena. Se mantuvo un respeto tenso de parte de los paramilitares y de la guerrilla hacia las vidas de esta gente. Hasta 1989, cuando Silvia Duzán y tres de los dirigentes campesinos fueron acribillados mientras reconstruían al calor de unas cervezas veinte años de tensa paz en medio de las balas cruzadas. Era un caso único y exitoso de paz negociada en el país, y Silvia, que sabía identificar novedades sociales a las encrucijadas violentas de Colombia, quería llevar la historia a la televisión del mundo. Murió esa noche. Todos dijeron que habían sido los paramilitares. Nadie podrá arrebatarle el dolor eterno a Maria Jimena Duzán por el crimen atroz de su hermana. Pero eso no hace a todos los paramilitares asesinos ni asesinos o paramilitares a todos los que ven la ley de justicia y paz como una herramienta que puede –tiene que- servir para que los paramilitares ahora sin armas y desmovilizados, sean juzgados, castigados y reintegrados a la sociedad. Es una ley y un proceso de desmovilización que ha desbordado poderes locales relacionados políticamente. Algo inevitable pero inaceptable. Pero igual, una situación que el gobierno está combatiendo para garantizar elecciones libres. Entretanto, homenajear la memoria de Silvia Duzán significa tratar de entender que la sociedad colombiana está hecha de retazos, hilachas, incluso. Pero con todo, así queremos nuestro país y somos optimistas en el futuro.

Fuente: Carlos Montoya Mejía.

NEGOCIACIÓN CON FARC Y PARAS

Ser flexible, generoso, tolerante, magnánimo, no asumir una actitud cerrada y prepotente, abrir las puertas al diálogo, querer la paz, buscar la paz, son algunos consejos que espíritus de buena voluntad le dan al señor Presidente. Sin duda buenos consejos, pero una cosa es verlo de la barrera, y otra capotear al toro. Lo injusto es sugerir, abierta o veladamente, que si no hay diálogo, ni acuerdo humanitario, la culpa es del gobierno. Peor aún, en un reportaje aparecido en "Semana" sostenía el entrevistado que Uribe debió iniciar las conversaciones de paz con la guerrilla, y si prefirió a los paras fue por una afinidad personal. Uno se pregunta si las FARC están dispuestas a dialogar seriamente, pues hasta ahora constatamos lo contrario. En ningún negocio se puede adelantar un diálogo constructivo si las partes no manifiestan claramente sus intenciones, y hasta la fecha, después de decenas de reuniones, aún no sabemos qué pretenden estos señores; lo cual demuestra que la paz no les interesa. Por eso todos los intentos de gobiernos anteriores resultaron fallidos. Andrés Pastrana se avino a complacerlos en todas sus exigencias. Les despejó una vasta zona del país, les dio protagonismo permitiendo televisar los diálogos del Caguán, y estas concesiones, que muchos criticaron con razón, no sirvieron para nada. Las FARC comenzaron como un pequeño grupo de rebeldes capitaneados por Manuel Marulanda (Tirofijo). Buscaban venganza por los atropellos sufridos en tiempos de la violencia. Pero cuando Jocobo Arenas ingresó al grupo como ideólogo, lo convirtió en un movimiento político con una ideología marxista-estalinista bien definida, y desarrolló una estrategia para apoderarse del gobierno. Un acuerdo para poner fin a las hostilidades sería para ellos un retroceso, pues su meta es conquistar el poder, acabar con el Estado, y sustituirlo por uno propio, y esto no se negocia. Esta posición explica muchos de sus comportamientos. Cuando buenamente han accedido a dialogar, una vez iniciadas las conversaciones gastan el tiempo discutiendo de minucias y de cuestiones sin importancia, pero el tema de fondo nunca lo tocan. Cuando finalmente las conversaciones fracasan por culpa de ellos mismos, se presentan ante la opinión pública como amantes de la paz, y le achacan al gobierno la responsabilidad del fracaso. También explica el que puedan mostrarse tan despiadados con la población civil, colocando minas quiebrapatas, destruyendo pueblos, asesinando campesinos, secuestrando gente, volando puentes, torres de energía e incendiando oleoductos. Ellos se consideran en guerra con el Estado colombiano y que en la guerra todo está permitido, pues lo importante es ganarla. Un acuerdo de paz con las Farc podría firmarse mañana si el Presidente estuviera dispuesto a llamar a Manuel Marulanda y cederle el sillón presidencial; pero por el camino del diálogo tomará años, si es que llega. Podría darse, sin embargo, lo inesperado: que después de 40 años de lucha estéril, y de hacer toda clase de daños, comprendieran finalmente que por ese camino nada van a conseguir, y cambiaran de postura. Mas por ahora resulta imposible dialogar con quienes no quieren. Los paras, en cambio, han manifestado su intención de abandonar las armas e integrarse a la vida civil. ¿Qué de extraño tiene, entonces, que el gobierno dialogue con ellos?

Fuente: Gustavo de Roux Guerrero.

ASESINOS "BOLIVARIANOS" PRO CHAVISTAS

Sobrevivientes de ataque de las FARC a bus en Caquetá dicen que los querían quemar vivos. Según cuenta el transportador, salieron a las 4:45 de la tarde con un grupo de buses y taxis con el fin de alcanzar en Puerto Rico la caravana del Ejército, que partía para Florencia a las 5 de la tarde y que hacía parte de las organizadas por el Ministerio de Defensa para garantizar la seguridad en las vías del departamento. A las 5:30 de la tarde, tras pasar por la escuela de la vereda El Diamante, escucharon las ráfagas de fusil que impactaron el vehículo y lo hicieron volcar. Uno de los sobrevivientes, que prefirió reservar su identidad, dijo que segundos después los guerrilleros siguieron disparando, a pesar de los gritos que alertaban de la presencia de niños en el carro. Posteriormente, los subversivos intentaron quemar la aerovan. "Un muchacho en pantaloneta se acercó, roció el vehículo con gasolina y tiró una mecha que uno de los de adelante alcanzó a evadir. Nos querían quemar vivos", dijo Rosa Losada de Niño, otra de las sobrevivientes. Según el médico Marlio Andrés Posada, director del hospital de Puerto Rico, todos los cuerpos presentaban impactos de fusil, por lo que se descarta que hayan muerto en el volcamiento del carro. "Es un acto degradante efectuado por estos malnacidos de las FARC", dijo el comandante de la Policía, general Jorge Daniel Castro Castro, al llegar ayer al sitio del ataque. Exhortó a los guerrilleros a enfrentarse con la Fuerza Pública y dejar por fuera del conflicto a los civiles. El defensor del Pueblo, Vólmar Pérez Ortiz, condenó el ataque y dijo que esta acción de las FARC "quebranta directamente las normas del Derecho Internacional Humanitario". Más información.

CRÍMENES DE GUERRA

"Lo dijo la Oficina en Colombia de la Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU. El ametrallamiento, por parte de las FARC, el sábado, de un minibús lleno de pasajeros en El Diamante (Caquetá), en el que murieron nueve personas y 11 fueron heridas, es un crimen de guerra. Como lo es, también, el atroz ataque en Rivera (Huila), cometido ayer por esa guerrilla, en el que fueron masacrados ocho concejales y heridos otros tres, cuyo único delito era el de haber sido elegidos por el pueblo. Lo sucedido en ambos casos es macabramente colombiano. El minibús, que hacía la ruta San Vicente del Caguán-Florencia, salió tarde y con sobrecupo (25 pasajeros en una 'van' para casi la mitad). Partió solo, desafiando el 'paro armado' declarado por las FARC en el departamento, pues no alcanzó la caravana protegida por un convoy militar, pese al riesgo de recorrer una carretera en la que esa guerrilla sale a cada curva. Llegó sin novedad a Puerto Rico, pero, cuando se iba a sumar a la caravana militar, pinchó. Al parecer ni el convoy esperó ni los pasajeros quisieron pernoctar a mitad de camino (eran las 5:30 de la tarde). A la altura de El Diamante, guerrilleros de las FARC acribillaron el vehículo, que se volcó. Según los primeros reportes, todos los muertos presentaban impactos de fusil. Algunos testigos dijeron que los guerrilleros habrían intentado incendiar el vehículo, pese a que era evidente que se trataba de civiles y a que, en medio de los disparos, les gritaron que había niños adentro. Los siete concejales de Rivera, por su parte, fueron abaleados a mansalva cuando almorzaban en un restaurante. Ya es llover sobre mojado hablar del desprecio de este grupo armado, no se diga por las normas más elementales de humanidad, sino por las reglas básicas de la guerra. Es como si las FARC quisieran ratificar a cada colombiano que, para imponer su política, no vacilan en cometer las peores violaciones del derecho internacional humanitario. Si hay que matar niños para imponer un "paro armado", pues se matan. Si alguien cree que las FARC aspiran a "convencer al pueblo", pasajeros y concejales abaleados son testimonio de que a organizaciones tiránicas como esa solo les interesa una cosa: que les teman. Por ello, no puede ser más desafortunado el momento escogido por el aspirante presidencial Álvaro Leyva para anunciar que se había reunido con "Manuel Marulanda" (Tirofijo) con el fin de proponerle un plan de paz. No solo la misiva que le envió el máximo jefe de las FARC hace unos días, sino estos dos nuevos crímenes demuestran que si hay algo que cae en oídos sordos es cualquier llamado a esa guerrilla a hablar de paz, diálogo o intercambio humanitario. Lamentablemente, matar y secuestrar, secuestrar y matar es su catecismo exclusivo. Sobre todo a civiles inocentes. Pobre Colombia". Información de El Tiempo.

TERRORISMO Y FARCINISMO

"Los atentados terroristas de las últimas semanas, como la voladura de una casa en San Vicente del Caguán, donde las FARC mataron vilmente a cuatro miembros de una humilde familia, han puesto en guardia no sólo a las autoridades civiles y militares sino a toda la población colombiana, que debe repudiar esos crímenes en solidaridad con las víctimas y manifestarse más activamente, denunciando y colaborando con la captura de sus autores. Pero eso que llama impropiamente algún periódico capitalino "ofensiva terrorista preelectoral de las FARC", no es más que la suma de actos aislados y desesperados de la guerrilla narcoterrorista para tratar de sabotear – como siempre lo ha intentado sin éxito – la manifestación democrática de la voluntad popular en las elecciones del próximo domingo. Ese es el objetivo de su publicitado "paro armado" en el sur del país, en el marco del cual y por supuesta "violación" del mandato de sus gatillos asesinaron el 25 de febrero a nueve pasajeros de una buseta en Caquetá. Dos días más tarde mostraron su catadura cobarde y su odio cerval a la democracia, acribillando en plena sesión a nueve concejales de Rivera, Huila. El 4 de febrero atacaron a Montebonito, Caldas, matando a dos civiles, entre ellos un bebé, y a un policía. Y el 5 de marzo, dinamitaron varias torres de energía e incomunicaron telefónicamente por varias horas el sur del Tolima. Eso es lo que lleva a algunos colegas a considerar que estamos ante "una ofensiva de las FARC", cuando lo cierto es que el terrorismo actúa donde corre el menor riesgo, buscando causar el mayor daño y sembrar todo el pánico posible en la población. De modo que el periodismo – nacional o extranjero – que suma un ataque allí y otro más allá para presentarlos como la gran ofensiva terrorista, está sirviendo de alta voz a la propaganda de los criminales y magnificando sus actos, otro efecto buscado afanosamente por ellos en época electoral y concedido en forma gratuita por la industria mediática. Esta no es hora de hablar de "ofensiva de las FARC", porque asesinan a personas inermes, o vuelan unas torres de energía o amenazan el transporte público en una porción del país, todos actos cobardes que ponen al descubierto una vez más su incapacidad de hacer frente al Ejército, éste sí en ofensiva desde hace cuatro años con resultados que ni sus detractores se atreven a negar porque están a la vista. Prueba de ello es que el ELN, debilitado por la acción de la Fuerza Pública y cada vez más aislado de las poblaciones donde tuvo alguna influencia, haya decidido, en buena hora y en gesto de buena voluntad que le reconocemos, suspender los ataques y respetar los procesos electorales. Y en relación con las FARC y a pesar del poder de daño que mantienen, ¿qué mejor prueba de que sus estructuras comienzan a desmoronarse que las deserciones cada vez más numerosas, como ocurrió ayer con la entrega al Ejército, y en presencia del Alto Comisionado de Paz, de la compañía La Gaitana, en zona rural de Alvarado, Tolima? En total, 70 hombres, con sus comandantes, depusieron 63 armas y entregaron un avión Aerocománder, éste último, como lo reconocieron, adquirido en la época "dorada" del Kaguanistán ante "la inminente toma del poder". Ahora piden hacer parte de los programas de reinserción, confiando en que – como les prometió el señor Presidente – “la seguridad democrática que hasta hoy los persiguió, ahora los protegerá”. Esos sí son gestos de paz, no como el que quiere arrogarse el "secretariado" de las FARC con su comunicado del 5 de marzo, en el que, pretendiendo "resaltar la importancia de la entrevista en las montañas de Colombia entre el doctor Alvaro Leyva Durán y el comandante en jefe de las FARC-EP, Manuel Marulanda Vélez", anuncia que, como consecuencia de esa conversación, ha decidido "permitir el retorno a sus hogares, sanos y salvos de los señores agentes de policía Éder Luis Almanza Padrón y Carlos Alberto Legarda Rosero, hechos prisioneros de guerra durante la toma de las bases de la policía nacional de Colón y de San Miguel, en el departamento del Putumayo". Luego solicitan la presencia de la Cruz Roja Internacional para la entrega de los policías e "invitan" al doctor Alfonso López Michelsen a que sirva de testigo "como reconocimiento a sus esfuerzos a favor del Intercambio Humanitario. Igualmente se espera la presencia de las personalidades que el doctor Leyva considere necesarias, dado que es quien conoce los alcances de lo conversado". Para nosotros, cuando se hace un "gesto de buena voluntad", la palabra "gesto" tiene una connotación altamente positiva siempre que lo cualitativo guarde relación con lo cuantitativo. Vale decir, en este caso, que el número de liberados tenía que ser suficiente para marcar un "gesto", pero aquí resalta la tacañería tramposa, porque lo que quieren es sacar una ventaja política casi gratis, con dos muchachos que no tienen mayor significación dentro de las Fuerzas Armadas, aunque, por supuesto, sus vidas y su libertad son invaluables y sus familias están en todo su derecho a no ser burladas por sus secuestradores y a tenerlos de inmediato de regreso a sus hogares. Pero lo que querían Tirofijo y Cía era sacarse un premio gordo comprando un quinto de la lotería, con lo que el gesto va adquiriendo la característica de una mueca, que confirma lo que dijo el presidente Uribe sobre cuál es su verdadera significación: Con esto la guerrilla pretende "ingresar al juego político… Eso es totalmente abusivo y desafiante de la democracia. Trafican con nuestros policías y secuestrados. Los utilizan como una mercancía electoral cuando simultáneamente lo que hacen es asesinar". Nosotros estamos absolutamente seguros de que el señor ex presidente López jamás se prestará a servir de idiota útil en una jugada política de tan baja estofa". Información de El Mundo.

ELN - FARC - AUC

"Hay que reconocerle al ELN su olfato para sacarle jugo a la encrucijada que vive actualmente el país. Sobre la marcha, echó reversa a su postura inicial de abstenerse de negociar con el Gobierno Nacional, mientras el Palacio de Nariño aloje al presidente Uribe Vélez. Muchos dirán que se debe a su menguada capacidad militar, pero la virtud de hoy estriba en aprovechar la época electoral para hacer política. Todo lo contrario de las FARC. Con solo anunciar que no sabotearían las elecciones de este próximo domingo e invitar incluso a votar, se resquebrajó una inveterada creencia de los elenos, convertida en dogma por Camilo Torres Restrepo, cuando aseveró para justificar la empuñada del fusil: "En Colombia, el que escruta elige". El ELN no puede darse el lujo de dilapidar lo que le queda de un capital político forjado al calor de dos prácticas agridulces: su recurrencia al secuestro y su rechazo al narcotráfico. Ojalá el precario nivel de deliberancia interna, por el evidente distanciamiento dirigencia-bases, no de al traste con un arranque esperanzador. Pero de las tres históricas agrupaciones armadas ilegales descritas en los brazaletes con las letras tétricas, es la que mejor saca provecho de la actual coyuntura. A las FARC poco le importa que la gente las descalifique por malvadas; sin escrúpulos para respetar los Derechos Humanos y el derecho Internacional Humanitario, poco espacio les quedará para la política. Una pesadilla nacional. Sobre las AUC llueven todas las centellas del mundo. Aún después de la desmovilización de la gran mayoría de sus bloques y frentes, la ciudadanía reclama más señales de sinceridad para creer en el proceso. Las AUC conservan prácticamente los mismos rangos de desfavorabilidad anteriores a la entrega de las armas; es cuestión de revisar las encuestas de opinión. Las críticas y los mea culpas provienen de todas las esquinas. La delegación internacional de la ONU en Colombia siempre ha sido coherente: no ha dudado en alertar por las consecuencias de no redireccionar el proceso. Ahora se suma, con duros y contundentes llamados de atención, la delegación internacional de la OEA. Nadie podrá cuestionar la autoridad de Sergio Caramagna, secretario general de la Misión de Apoyo al Proceso de Paz en Colombia, para conceptuar, pues ha sido un acompañante leal y juicioso en el camino recorrido para la desmovilización del paramilitarismo. Pero, desde las mismas AUC, se deslizan fuertes dardos. Salvatore Mancuso Gómez le acaba de enviar una carta abierta a Caramagna, dándole prácticamente toda la razón; deposita la responsabilidad por los desvaríos del proceso en el gobierno nacional. Reclama mayor claridad para evitar que fracase la entrega de los paramilitares; la pervivencia de actividades ilegales como el narcotráfico, al alcance de los desmovilizados, y el no copamiento por parte de las autoridades de los territorios controlados por las AUC, constituyen, para Mancuso, las amenazas más contundentes. Rodrigo Tovar Pupo, alias "Jorge 40", próximo a entregarse, también le pega un restregón al proceso; en el último número de la revista Semana reconoce que, como van las cosas, con la desmovilización del paramilitarismo, no se acabará el paramilitarismo. Preocupante. Nadie puede discutir el aporte del Municipio de Medellín para garantizar la sostenibilidad del proceso. Se lo echó al hombro. A pesar de su capacidad financiera, administrativa y logística, la Administración de Sergio Fajardo Valderrama está incomoda. Al mismo tiempo que entrega su propuesta, reclama una política nacional de reinserción. Lógico. Desde otras partes, y desde el comienzo, se ha solicitado a la oficina del Alto Comisionado la definición de las competencias de las entidades territoriales con relación al proceso: determinar el papel de la nación, de los departamentos y los municipios. No ha sido posible. Entonces, ¿cómo apostar al éxito, sin improvisar? Quisiéramos no ser simples acompañantes. Pero volvamos a la coyuntura: suerte al diálogo abierto del Gobierno con el ELN; suerte a las gentes ante el desespero de las FARC; suerte a los responsables de enderezar el proceso de las AUC. Suerte a Colombia: votemos todos el domingo".

Fuente: Jorge Mejía Martínez.

COLOMBIA NO TIENE MEMORIA

La entrega por parte de las FARC de dos policías secuestrados al candidato presidencial Álvaro Leyva Durán no es gratuita. Dice Leyva, viejo amigo de las FARC que él tiene la "llave" para detener la guerra en seis meses, como la tuvo hace ocho años cuando facilitó el encuentro entre "Tirofijo" y Víctor G. Ricardo Piñeros, directivo de la campaña presidencial de Andrés Pastrana Arango. Los colombianos no tenemos memoria. Nada de lo hecho por las FARC en las últimas semanas es gratuito: policías y militares asesinados en la Sierra de la Macarena; nueve civiles masacrados en el sitio El Diamante, en carretera del departamento del Caquetá; seis concejales asesinados en el municipio de Rivera (Huila); un policía y dos civiles muertos en el corregimiento de Montebonito (Caldas), arrasado con "pipetas de gas"; paros armados en varios departamentos; torres de conducción de energía derribadas aquí y allá; vehículos de carga y pasajeros incendiados a lo largo y ancho del país... Salen los idiotas útiles a terminar una tarea emprendida desde que se inició la administración Uribe: señalan a los cuatro vientos que la "seguridad democrática", su programa bandera, no sirve. Que hay que replantearla, dicen unos; que hay que acabarla, dicen otros; que la salida a la paz es negociada, recalcan los de siempre. Las encuestas señalan que el 66 por ciento de los colombianos está de acuerdo con la negociación con los grupos alzados en armas, pero parecen olvidar que para negociar se necesitan dos. País sin memoria que ya no recuerda el juego macabro que se planteó en el gobierno de Pastrana cuando las FARC secuestraban y arrasaban pueblos con dinamita y corrían a esconderse en la zona desmilitarizada del Caguán, donde se realizaban los "diálogos de paz". El sofisma de los diálogos se revive ahora con el proceso en ciernes con el ELN. Plausible por supuesto pero efectista. La verdad es que se desmovilizan porque están acabados y hasta las FARC los están echando a bala de sus territorios. Mientras tanto, nadie se acuerda de las fechorías de los "elenos", sus miles de asesinatos y de secuestros, como el horroroso caso de Machuca, los secuestros múltiples de La María, la ciénaga de El Torno y el avión de Avianca. Con la desmovilización de paramilitares se ha hecho mucho ruido acerca de la impunidad de sus acciones pero de la impunidad del ELN nadie ha dicho nada. ¿Será que los muertos de ellos no eran buenos? País desmemoriado este. Qué lección nos da la madre España: más de 200.000 personas marcharon el 25 de febrero para oponerse a los diálogos de paz con la banda terrorista ETA. Aquí, en cambio, el anuncio de la muerte en cautiverio del capitán de la Policía Julián Ernesto Guevara Castro no provocó más que una leve indignación. Él mismo se lo dijo a Jorge Briceño Suárez ( alias "Mono Jojoy") en una reunión de la que se conoce un video: «No le importo más que a mi madre». La masacre de los concejales de Rivera tampoco despertó solidaridad alguna. Ni sus colegas del resto del país se manifestaron con la vehemencia requerida. Y si esto que es fresco no merece repudio qué decir de lo que se olvida bajo el manto de los años… Una encuesta previa a las elecciones del Congreso, reveló que la intención de voto por el presidente Álvaro Uribe Vélez bajó más de 11 por ciento, una caída notoria a pesar de que sólo los necios pueden negar los avances del país en todos los órdenes durante este cuatrienio. Las estadísticas no son engañosas y la realidad es evidente. Para no ir muy lejos, la seguridad y la economía han dado un giro de 180 grados y Colombia ha vuelto a tener esperanzas de futuro como hace años no se veía, todos los colombianos pensábamos en irnos y hoy pensamos en salir adelante aquí mismo. Pero somos inmediatistas y timoratos, queremos las cosas ya y sin esfuerzo. Basta entonces que se siembren dudas sobre el TLC, que se culpe a Uribe de no hacer el intercambio humanitario, que se sugiera que el Gobierno favorece la corrupción y que salgan tres terroristas a una carretera apartada a incendiar un bus para que todo quede en entredicho. ¿Qué clase de paz nos pueden dar Álvaro Leyva Durán y sus amigos de las FARC en seis meses? ¿La instauración de un gobierno marxista y la paz de los sepulcros para los miles que nos opongamos a ese oprobio?

Fuente: Saúl Hernández Bolívar .

MANDADERO DE LOS NARCOASESINOS

El candidato Álvaro Leyva emplea las liberaciones de cautivos por goteo como un elemento más de su campaña política, como un afiche, un aviso o un sancocho. Álvaro Leyva es el candidato del chantaje. Me dan unos votos, les devuelvo un secuestrado. Me los dan todos, les prometo la paz. Si no fuese porque el personaje no merece el menor crédito, hasta le haría campaña. Con tal de ver en sus casas a todos los secuestrados –políticos y económicos–, podría tener la tentación de llegar tan lejos. Pero todo tiene un límite en la vida y creo que aún somos mayoría en este país los que no estamos dispuestos a vender el alma al diablo para alcanzar un sueño. En todo caso, hay que reconocerle a Leyva una cierta originalidad, porque estamos acostumbrados a la compra de sufragios y conciencias con plata o en especie, o a que llenen las urnas mediante la coacción, pero esta es una nueva modalidad que no sé si me produce aún más asco. Cuando envío esta aún no se ha dado la liberación de los dos policías. Espero que Leyva y su amiguete "Tirofijo", a quien le molesta tanto como a la "Gata" el sobrenombre (no sus incontables crímenes, esos no, solo el alias), les hayan cumplido a las familias de los dos policías y hoy ya estén en sus casas. Pero la alegría de esos jóvenes y de su entorno, y la de todos nosotros, no oculta la ignominia del candidato. Emplea las liberaciones de cautivos por goteo como un elemento más de su campaña política, como un afiche, un tétrico aviso o un sancocho. Le importan cinco la suerte de los secuestrados y la paz del país. Sólo trabajará para alcanzarla en "seis meses" si lo elegimos. Si no, pues a tragarnos más balas, más cilindros, secuestros, paros armados, bombas, extorsiones, robos y fanfarronería de esa plaga que nos tocó en suerte y que se cree revolucionaria. Puesto que sólo él tiene contacto directo con "Tirofijo", que lo trata como a un mandadero –y si no lean lo que publicó "Semana"–, como sólo él puede arrancarle algunas migajas de falsa generosidad al de la toalla, debemos entregarle nuestra confianza en mayo próximo. Ya lo advirtieron las FARC: con Uribe reelegido, nada de conversaciones ni intercambio humanitario. Con Leyva, no lo afirmaron de forma expresa pero lo insinuaron y así lo asegura el candidato, habrá diálogo y canje. No solo porque falta a la verdad, ya que es imposible terminar en medio año cuatro décadas de violencia y menos él, sino porque sería una deshonra para un país respaldar a quien se ha convertido por propia voluntad en la ficha política de los que tanto dolor nos causan, apuesto a que sus compatriotas le darán la espalda. Cómo será de falaz su promesa, que mi amiga Rosi Cano, que el jueves 16 soportó el quinto aniversario del secuestro de su marido, Lothar Hintze, un alemán radicado en Colombia, no quiere ni escucharla. Ella ya pagó tres veces, pero los interlocutores de Leyva no quieren soltarlo. En el video que enviaron como prueba de vida, en noviembre pasado, se ve a un hombre derrotado, hundido, amargado. Rosi sabe que ya nunca será lo mismo, que en la selva se quedó el compañero fuerte, activo, ilusionado con el que vivió. Tampoco ella es igual. Su pelo de varios tonos rojos disimula una angustiosa soledad y un tremendo hartazgo.

Fuente: Salud Hernández-Mora Zapata.

HIJO DEL SECUESTRO

La noticia de que Clara Rojas, heroica compañera de cautiverio de Íngrid Betancourt por más de cuatro años, habría tenido un hijo ha despertado una apasionada polémica. En especial, el hecho de que esa información se haya convertido en un libro periodístico, recién publicado. Espinosa polémica, pues están de por medio los sensibles terrenos de lo íntimo, lo humano y todo lo que conlleva el drama de un secuestro, frente al derecho a la información y el reto profesional que significa contar un conflicto armado tan complejo y degradado como el colombiano. El debate tiene varias facetas. Por una parte, el que en pleno cautiverio una mujer dé a luz un niño concebido con uno de sus captores es toda una noticia. ¿El publicarla viola la intimidad? Además de informar, ¿contribuye a sensibilizar a la sociedad sobre el horror de la guerra? Las respuestas dependerán del tratamiento que se le dé a semejante información. Y de cómo se cuente una historia que involucra a un menor de edad, que nació en una situación donde no hay libertad. ¿Mejor guardar silencio y no decir nada? No. No parece correcto que un secreto de más de un año solo se cuente días antes de que salga un libro que, además de lo que revelará, representará jugosas regalías para su autor o para el objeto social que el autor designe. Ahora: ¿es veraz tan explosiva información? Dice el periodista que no vio a Clara Rojas, a su hijo o a su presunto padre. No hay certeza sobre si se trató de una relación consentida o de una violación. La historia se construye sobre una declaración en la que el autor dice que, "mirándome a los ojos", el jefe de las FARC "Raúl Reyes" le confirmó el tema central de su libro. ¿Serán los mismos ojos que, impasibles, han visto desfilar a tantos cientos de secuestrados a los que ignora sin pestañear? El propio periodista dijo que debió "apelar a su experiencia" para reconstruir la historia. ¿Cuánta dosis de verdad o cuánta de ficción contiene el libro o la noticia misma, solo lo determinarán los lectores de uno y otra. Un tercer elemento es crucial. Más allá de si es cierta o falsa, ¿podría "Raúl Reyes" mirar con buenos "ojos" el fortalecimiento de la posición de las FARC en el tema del intercambio humanitario, en medio de la campaña electoral? Con un siniestro ingrediente: sumar a su interminable lista de rehenes "políticos" una criatura de dos años. La situación plantea, como pocas, los dilemas periodísticos ante el conflicto. Cada información sobre este tema, y en especial la referida al secuestro, pone a periodistas, editores y directivos de los medios ante la necesidad de sopesar dónde trazar la línea que no se puede cruzar. Se trata de no caer en la trampa de hacerles el juego a fuentes interesadas, francamente desalmadas. En este caso, la noticia, cimentada en fuentes de primera mano, y no solo guerrilleras, sería, a la vez, una información consistente y el relato justificado de un drama humano de los que esta guerra tiene demasiados. Ambas consideraciones ameritarían hacerla pública. Hasta dónde el relato de Jorge Enrique Botero cumple con ellas está por verse. Al heroísmo de la protagonista de esta historia –otro libro acaba de revelar que habría rehusado ser puesta en libertad para quedarse con Íngrid– se añade un último elemento: hay un niño de por medio. De ser cierto todo esto, sería el primer hijo del secuestro del que se tenga noticia. Lo cual debe llevar a redoblar el clamor para que las FARC cumplan el derecho internacional humanitario y los liberen no solo a él y a su madre, sino a todos los rehenes. No lo harán, por supuesto. Es que ni siquiera entregan el cadáver del mayor Julián Ernesto Guevara, que murió cautivo. "Es mitad de ellos y mitad de nosotros", habría dicho "Tirofijo" del niño, como si fuera de su propiedad y no víctima por excelencia del horror del secuestro. Por eso, además del debate ético y periodístico, la noticia sobre Clara Rojas y su hijito debe generar una unánime voz de condena contra esa industria infame.

Fuente: Editorial de El Tiempo.

¿QUÉ HA DICHO ELLA DESDE LA CAUTIVIDAD?

La libertad de expresión y el derecho a la información carecen de sentido si no sirven para salvaguardar todos los derechos fundamentales. Se justifican porque les permiten a los medios periodísticos y a los periodistas decidir y actuar en desarrollo de una actividad profesional libre, autónoma y responsable. La tutela de la dignidad del ser humano es uno de los deberes correlativos a esos derechos. Y parte esencial de la dignidad es la intimidad, entendida como el ámbito individual reservado e inviolable. En el duodécimo artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice con claridad y sencillez suficientes: "Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques". La intimidad está cada día más amenazada y vulnerada por la incentivación desde cierto tipo de periodismo de la curiosidad por las vidas ajenas y la manía de inmiscuirse en los asuntos de la vida privada. Intimidad que está en peligro cuando, por ejemplo, como se ha sabido en estos días, un periodista lanza una publicación, que tiene amplia resonancia, en la cual divulga un episodio como el del nacimiento de un hijo de una mujer sometida a secuestro por la guerrilla. En el caso de la señora secuestrada con Ingrid Betancur surgen hechos y circunstancias anómalos e indignantes: Además del mismo secuestro y la privación forzada de la libertad, la publicación del libro se ha defendido con el pretexto de que se trata de una novela, como si la literatura otorgara una suerte de "patente de corso" y el recurso del género novelesco legitimara el abuso. Pone a dudar, por ejemplo, un argumento peregrino (por extraño) que se ha esgrimido: Que la versión incluida en el relato es aceptable porque fue confirmada por uno de los comandantes guerrilleros. ¿Y qué ha dicho la nueva madre desde su cautiverio? ¿Ha tenido libertad para emitir alguna declaración? ¿Se le pidió consentimiento para difundir una información de la cual es la primera protagonista? ¿Acaso un ser humano a quien se fuerza a estar incomunicado pierde el derecho a decir sí o no cuando puede ponerse en juego su dignidad personal? ¿Cómo pudiera imaginarse que deja de ser inviolable porque no puede hablar, como si una prerrogativa fundamental, un derecho personalísimo, no fuera imprescriptible? ¿Qué tipo de consideración han merecido el Derecho Internacional Humanitario, que preceptúa la inviolabilidad de los no combatientes, y las normas internacionales que protegen el honor de las mujeres en medio de un conflicto armado? El humanismo jurídico ha dejado de ser tan precario como era hasta hace medio siglo en materia de protección de los derechos de la mujer. "Está mereciendo un respeto cada vez mayor como ámbito de preocupación aparte en la actual orientación del derecho", reconocen comentaristas y profesores como Judith Gardam, en publicaciones como la Revista de la Cruz Roja Internacional. Tan inaceptable como la publicación violatoria me ha parecido el sometimiento del tema al veredicto caprichoso y emotivo de la gente, en una de esas encuestas que suelen hacer en la radio. Una decisión periodística no debe tomarse con base en el dictamen circunstancial hecho por medio de un sondeo demagógico y apresurado. Las decisiones éticas no pueden estar regidas por la ley de las mayorías, ni por los caprichos de la opinión general cambiante, ni por el qué dirán. ¿Para decidir si una publicación se aprueba o se niega no basta el dictado de la conciencia sino que debe pedírseles permiso a unos oyentes emotivos y no siempre bien informados ni en capacidad de deliberar con suficientes elementos de juicio? Irrespetar la dignidad y la intimidad de una persona, en este caso de una mujer incomunicada por fuerza del secuestro, tras el escudo del derecho a la información y la libertad de prensa, comporta una actitud que pone en duda el sentido de responsabilidad social concomitante con la libertad y la autonomía que deben acompañar toda decisión editorial.

Fuente: Juan José García Posada.

PERIODISMO COLOMBIANO DECADENTE

Un escándalo, una vergüenza. Cierto periodista colombiano (galardonado con el Premio "Rey de España" de Televisión en 1995) ha escrito una novela basada en la guerra contra las Fuerzas Armadas Recolectoras de Coca (FARC). Mitad ficción y mitad realidad. La realidad corresponde a la presunta maternidad en cautiverio de Clara Leticia Rojas González (mano derecha de la frustrada candidata presidencial Íngrid Betancourt Pulecio, también secuestrada por las FARC). El "emblemático" periodista colombiano, director de información de Tele SUR (canal financiado por Hugo Chávez Frías) y firmante de un montón de manifiestos contra EEUU y a favor de la dictadura de Fidel Castro Ruz, ha provocado una enorme polvareda. Artículos, debates, entrevistas. Nauseabunda la estrategia de los amigos de los narcoasesinos tendente a "humanizar" el conflicto, y cómo no, a reivindicar el "diálogo" con las FARC. En Radio Caracol (emisora participada por la española Familia PRISA) uno de los locutores defendió el derecho de información del "emblemático" periodista colombiano (en realidad campaña de propaganda de la novela en cuestión) porque la presunta madre es una mujer soltera y ha podido abortar. Presunciones sin haber hablado con ella (víctima de una violación o del síndrome de Estocolmo). "Una linda historia de amor" (apuntilló el periodista de Radio Caracol). No soy amigo de censurar ningún libro, pero comprar esa novela es hacerse cómplice de la barbarie y la campaña de intoxicación de personajes como Carlos Lozano Guillén (también entrevistado por Radio Caracol), un siniestro "bolivariano" como el "emblemático" autor de la novela.

Fuente: Rafael J. Sánchez Armas.

GROTESCO AMARILLISMO EDITORIAL

Pululan en los últimos meses ediciones de libros, verdaderas alcantarillas intelectuales, dictados algunos desde las propias cárceles de alta seguridad colombianas, por siniestras figuras del hampa y del sicariato como el de "Popeye", por ejemplo, conocidísima figura, que incluso sirvió increíblemente de pieza procesal para terminar de enjuiciar a otra figura de triste recordación en la maraña destructora del liberalismo, -Proceso 8000- como el ex ministro de Justicia – ¡por Dios santísimo! -, Alberto Santofimio Botero. Otros, redactados por los propios abogados defensores de la alta mafia. Circula el último de esta especie, con el cual se nos ha dictado la más refinada y altisonante cátedra de cinismo, biografiando a los verdaderos padres intelectuales del narcotráfico como arma de exterminio. A algunos los defiende en señal de cálida amistad. No hay en Latinoamérica un pueblo tan larga e intensamente sufrido como el nuestro, en el cual el narcotráfico armado, ora disfrazado de movimiento reivindicativo de la sociedad - como las FARC o el ELN-, ora como fuerza neutralizante de estos últimos, como el paramilitarismo, ha retrazado o impedido su tránsito hacia el progreso y la justicia social. Por ello me producen náuseas las comuniones individuales – a veces con sumo alarde - o colectivas con ese tipo de grupos. No entiendo, por ejemplo, la posición del señor Alvaro Leyva Durán haciendo alarde de tener en la mano "la llave" de la paz nacional por la abominable razón de ser viejo amigo de "Tirofijo", de "Raúl Reyes" y de sus secuaces y de saber dónde se encuentran en cualquier momento – conoce el GPS de cada uno- y de saber sus números de celular. Tampoco la de los íntimos amigos de la plana mayor del paramilitarismo colombiano. El pueblo fue sabio cuando desechó a la casi totalidad de ellos –y de ellas- en sus aspiraciones al Congreso de la República el 12 de marzo pasado. Demás que debió quedar inevitablemente uno que otro colado. Este preámbulo para resaltar mi rechazo a la conducta profesional del periodista Jorge Enrique Botero, viejo conocido de las FARC, y la de su casa editora, la Randon House Mondadori. Esperó dos años, demostrando cuan dócil y vulgar herramienta era de los facinerosos para publicar un libro, en el cual, sale gritándole a la humanidad –pero con refinado sadismo al oído de su madre, la respetabilísima matrona doña Clara de Rojas- en señal de triunfo: "¡Doña Clara, tengo que informarle algo. Clarita tuvo un hijo!". Tampoco entiendo el discutible papel de doña Yolanda Pulecio, madre de Ingrid, quien le armó una verdadera emboscada con el inescrupuloso periodista a doña Clara para informarle que su hija le había dado un nieto de un guerrillero en plena selva. Una solemne infamia del periodista y una imprudencia al menos y sadismo infinitos de Doña Yolanda. Publicó la noticia cuando a las FARC les dio la gana de que la publicara en su pasquín últimas noticias de la guerra. Aprovecharon además, con una frialdad y un errado cálculo satánico, las diversas circunstancias que consideró el grupo subversivo como favorables u oportunas para hacerlo, como son: la actual situación electoral con un líder cabeza de gobierno y candidato presidencial como Uribe Vélez con la mas feroz oposición ideológica; un respetable grupo de adoloridas madres y familiares y amigos en general de varios centenares de secuestrados de todas las especies y géneros hasta desde hace ocho años por ese grupo subversivo criminal, que día a día claman por un "acuerdo humanitario", haciéndolo aparecer –a Uribe- como acérrimo enemigo del mismo, y por último la presencia del candidato Alvaro Leyva, pupilo de las FARC, en las próximas elecciones presidenciales. Se valió de la precaria situación moral y anímica de la madre de Clarita Rojas, quien fuera compañera de fórmula para la presidencia de la sempiterna imprudente y locuaz Ingrid Betancourt, en calidad de vicepresidenta, para las elecciones de 2002, siendo ambas secuestradas hace cuatro años cuando viajaban imprudentemente en carro para el Caguán desde Florencia. ¿Qué esperaban que contestara la matrona adolorida doña Clara, cuando el frío y cínico periodista, le mandó el inmisericorde sablazo de la cruel noticia? Con los ojos aguados y sollozando contestó: "No puedo más que comprender a mi hija. En esa situación en la que se encontraba. Sola. Aislada. Vulnerable. Lo único que les puedo decir es que la entiendo más que nunca".

Fuente: Pedro Manuel Hernández Gutierrez.

TETERO HORRENDO

Alegando ser periodista, un señor que siempre ha tenido acceso a los jefes de las FARC en lo profundo de sus campamentos o apartamentos, a los guerrilleros rasos y a los miserables secuestrados, publica ahora una novela sobre el niño que una secuestrada tuvo con uno de esos secuestradores. El señor es de apellido Botero y el país lo recuerda porque fue el primer director del canal de televisión política propagandística latinoamericana, que montó el presidente Hugo Chávez con dineros del erario venezolano. También se le recuerda por haber sido el autor de las fotografías que desde la selva colombiana mostraban, tras alambradas de campo de concentración nazi, a los miembros de la fuerza publica secuestrados por las FARC en condiciones infrahumanas. El señor Botero es un “periodista” de confianza de las FARC. Un privilegio igual y tan dudoso como el que enarbola el auto-candidato presidencial Álvaro Leyva Durán, que se vende como "el político de la Casa Cagúan". Independientemente de que esta historia sea cierta o falsa, que seguramente de ficción no tiene nada, es una historia que así contada al público y en forma de novelon resulta ser morbosa y será comercialmente un éxito editorial de ética deleznable. Utiliza y manipula una situación humana que por fuera del terreno del delito de lesa humanidad del secuestro, debería ser natural. Lo que logra Botero –con flagrante impudicia- es tergiversar la valoración de los hechos y hacer creer que el drama está en ser madre con ese padre. Esa es apenas una consecuencia. El drama criminal es estar secuestrada. Con igual impudicia y ya tergiversado el hecho central, se lo anuncia a la señora madre de la infortunada. Lejos de haber sido un acto de prudente respeto hacia los sentimientos y derechos a ser informados primero de la familia Rojas, ese anuncio, es un vil montaje que se suma a la cadena de actuaciones torcidas a que da lugar un secuestro, pero que para Botero con pretendida impunidad únicamente sirve de preámbulo comercial al lanzamiento publicitario de ese libro; todo con la anuencia de la mamá de Ingrid Betancourt, porque fue en su casa y bajo su confianza. Nunca compraré ni menos leeré ese libro asqueroso. Cualquier cosa que allí se relate sobre esa relación amorosa, sobre ese niño, solo incumbe a sus directos protagonistas. A los ciudadanos colombianos lo que nos importa es que la señora Rojas es victima de secuestro; y debería importar al gobierno y a las autoridades de policía que existe alguien que es amigo de los secuestradores y que además escribe libros exprimiendo económicamente lo que pasa durante los secuestros; lo que viene a ser algo así como un valor agregado: No solo piden rescate a cambio, sino ahora cobran por adelantado regalías por derechos de autor, de autores y perpetradores de lo que sucede o hacen que suceda u ocasionen en esos días y noches de inmensa desolación y espanto permanente de un secuestro. Y todo graciosamente editado y empastado, parapetados tras un carné de periodista. Esto, por lo demás, aleja con más precisión conceptual la posibilidad de un intercambio de guerrilleros presos en las cárceles por secuestrados a manos de las Farc. La aleja porque las Farc y sus agentes de confianza corroboran cada día que los actos que cometen y los hechos que provocan son horrendos. Una condición imposible en lo lógico y en lo moral para entrar a hablar de un "intercambio humanitario".

Fuente: Carlos Montoya Mejía.

SÍMBOLO DE BARBARIE

Qué pena con mi colega Jorge Enrique Botero, pero un ser humano a quien secuestran desde el vientre de su madre no es símbolo de nada positivo sino de barbarie. Que no me venga con el cuento de que es un signo maravilloso, sublime, de que una vida nace en medio de la guerra. A mi juicio, lo único que nos recuerda es que hay unos hombres armados que desprecian sin límites a sus semejantes, incluso antes de nacidos. Pero no solo eso. Lo ocurrido pone de manifiesto la responsabilidad o irresponsabilidad de los periodistas y nuestra doble condición de personas y profesionales. ¿Qué debe primar? Es una pregunta que nos hacemos muchas veces y para la que tenemos diferentes respuestas porque no existe una verdad absoluta. En los tiempos del Caguán, algunos familiares de secuestrados, muy pocos, nos pedían a los reporteros que entregáramos mensajes a los comandantes, notas para preguntar por sus seres queridos cautivos o cartas. ¿Cómo negar un favor tan sencillo? Según supe después, nunca debimos hacerlo o eso indican las normas internacionales del periodismo puro e inmaculado. En teoría, nos involucra de alguna forma en el conflicto y nosotros debemos permanecer al margen, en un estado de levitación que nos aleje de la realidad para así contarla de forma objetiva. La teoría está muy bien, pero, insisto, ¿es posible negarse cuando uno está de parte de la víctima, no levitando, y nos piden un mandado tan sencillo? A la hora de escribir sobre españoles secuestrados, recuerdo dos casos de rehenes cuyas vidas privadas un tanto desordenadas quedaron al descubierto. Cuando los periodistas conocimos esas intimidades (familias paralelas o amantes), no publicamos una línea. Y no porque España sea un ejemplo de respeto a la intimidad de las personas; más bien peca de lo contrario, así como de ostentar el vergonzoso título de los reyes del morbo. Pero todo tiene límites y los cautivos nos imponen unas barreras muy marcadas. ¿Acaso por callarnos detalles privados ocultamos información? Si un periodista de televisión, quizá el medio más competitivo que existe en este país, conoce un hecho que afecta a un rehén o recibe una prueba de supervivencia, ¿qué debe hacer? ¿Coger la cámara y salir corriendo para la casa del familiar y grabar las dramáticas reacciones? ¿O, por el contrario, informar solo a la familia y, de acuerdo con ella, dar a conocer la noticia una vez secas las lágrimas y recuperada la serenidad? ¿Qué tal si deciden guardar silencio? ¿Quién se aguanta al editor vociferando porque perdió la "chiva" o exclusiva o confidencia? Jorge Enrique Botero, que me cae bien y por eso me duele más escribir esto, reconfirmó la noticia del nacimiento del niño hace ya un año. En esos doce meses no tuvo un minuto libre para visitar a la familia de la secuestrada y contarles lo sucedido. Ni un momento pudo sacar para que conocieran un dato tan decisivo para sus vidas o, por lo menos, para su estado de ánimo. De haberles informado entonces, habrían decidido entre todos cómo revelar los hechos, puesto que es mejor relatarlos de forma controlada que encontrárselos de sopetón, como la bomba que nos cayó esta semana. Pero había que aprovechar la "super-chiva" y eso requería disponer de tiempo para pensar en la mejor manera de hacerlo. No tengo duda de que primó el interés personal y el afán de la exclusiva. Quienes creen que los periodistas debemos olvidar nuestra condición humana y que todo vale en aras de la información lo encontrarán razonable. Los que pensamos que antes que cronistas de la realidad somos ciudadanos corrientes, consideramos repudiable lo hecho. Más aún cuando se escribe una novela mitad realidad mitad ficción, basado en un cautivo que lleva cuatro años condenado al silencio. P. D. Esa madre dio ejemplo de dignidad, entereza, tolerancia y amor. Dentro del drama, al niño y a su mamá les queda la alegría de saber que un ser tan extraordinario los está esperando.

Fuente: Salud Hernández-Mora Zapata.

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RAFAEL SÁNCHEZ ARMAS

AGENCIA BK DETECTIVES ASOCIADOS

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