A punto de morir en París, Isabel II se confesó con el novelista grancanario Benito Pérez Galdós, autor de los "Episodios Nacionales", posiblemente la obra literaria más importante sobre la historia española del siglo XIX. "La reina de los tristes destinos", dijo: "Don Benito, póngase en mi lugar. Un político me aconsejaba que hiciera una cosa y otro la contraria. Yo andaba metida en un laberinto, y como no había luz que me guiara, uno me encendía una vela y el otro me la apagaba". Una niña en medio de pugnas políticas y revueltas populares contra el poder corrompido. Su propia familia le disputaba el trono. "La reina de los tristes destino".

ISABEL II 1830-1904

Isabel II reina de España. Heredera del trono a los tres años, coronada a los trece, casada a los dieciséis, destronada a los treinta y ocho y muerta a los setenta y cuatro. ¿Puta? ¿Loca? ¿Culpable de todos los males de España? La hija de Fernando VII no nació infanta, sino princesa gracias a la Pragmática Sanción Real proclamada por su padre poco antes de fallecer. Desde la coronación de Felipe V la suceción en la corona estaba vetada a las mujeres por la Ley Sálica. Carlos II, rey de España 1665-1700, a punto de morir sin descendencia nombró a Felipe de Orleans, duque de Anjou y nieto de Luis XIV de Francia, heredero al trono por encima de las ambiciones del archiduque Carlos de Austria, pretendiente a la corona española con el nombre de Carlos III de España. El misógino Felipe de Orleans, convertido ya en rey de España, proclamó, en connivencia con el Consejo de Estado y las Cortes de Castilla, la Ley Sálica a imagen y semejanza del Pactus Legis Salicae implantado en Francia desde la Edad Media cuando reinaba Clodoveo I fundador de la dinastía merovingia. Ninguna mujer iba a poder ser heredera de la corona española. Felipe V, un rey nefasto porque su nombramiento provocó la Guerra de Sucesión entre España, Francia, Inglaterra, Austria, Holanda, Portugal y Saboya, y obligó a España a firmar el Tratado de Utrech en 1713. El Imperio español perdió Gibraltar, Menorca, Flandes, Nápoles, Cerdeña, Sicilia. Iglaterra emergió como potencia hegemónica. En 1724, Felipe V abdicó en su hijo Luis I, un mozalbete de diecisiete años de edad conocido popularmente como "roba melones" por su costumbre de asaltar huertos ajenos. Mucho se ha escrito sobre la verdadera causa de la decisión de Felipe V; ninguna probada por la historia. Pero "el reinado relámpago" de Luis I (falleció meses después de viruela) le obligó a recuperar el trono.


La efímera reina consorte de Luis I, Luisa Isabel de Orleans y Borbón, ha sido objeto de la curiosidad histórica de no pocos escritores. En "Locos de la historia" la autora Alejandra Valleja-Nágera Zóbel da buena cuenta de las excentricidades de la esposa de Luis I. Eructaba en la mesa, no usaba ropa interior y ventoseaba sin pudor delante de cualquiera. Sucia, desarrapada y maloliente andaba correteando descalza por los jardines del palacio. Glotona y borracha engañaba a Luis I con una doncella del palacio. Después de la muerte del "rey relámpago", el padre de Luis I, Felipe V, y su madrastra Isabel de Farnesio y Neoburgo (una italiana de mucho carácter fuera de la cama y sumisa en el tálamo parrandero), facturaron a Luisa Isabel de Orleans y Borbón de regreso a Francia.


En 1829, Fernando VII, rey de España 1808-1833 (destronado temporalmente durante la Guerra de la Independencia por José I, "Pepe Botella", hermano de Napoléon), después de enterrar a tres esposas sin conseguir descendencia masculina, contrajo matrimonio con la veinteañera María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, hija del rey Francisco I de Nápoles y de María Isabel de Borbón, reina consorte y hermana de Fernando VII. Tampoco la sobrina le dio un hijo varón y Fernando VII estiró la pata después del nacimiento de Isabel II, futura reina de España tras la anulación de la Ley Sálica y el restablecimiento del Código de la Siete Partidas de Alfonso X el Sabio, aun cuando el infante Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII, se opuso hasta el punto de ensangrentar a España durante una buena parte del siglo XIX. El 1 de octubre de 1833, publicó el Manifiesto de Abrantes: "No ambiciono el trono, estoy lejos de codiciar bienes caducos. Pero la religión, la observancia y cumplimiento de la ley fundamental de sucesión y la singular obligación de defender los derechos imprescriptibles de mis hijos y todos los amados consanguineos, me esfuerzan a sostener y defender la corona de España del violento despojo que de ella me ha causado una sanción tan ilegal como destructora de la ley que legítimamente y sin alteración debe ser perpetuada"... Tres guerras sobrevinieron entre carlistas e isabelinos. Carlos María Isidro ha pasado a la historia entre sus partidarios como Carlos V de España.


Los isabelinos estaban apoyados por funcionarios del Estado, comerciantes y ciudadanos de Madrid y las ciudades costeras y los carlistas por la jerarquía de la Iglesia católica, los terratenientes de las regiones interiores y la nobleza más rancia. La viuda de Fernando VII, de reina consorte se convirtio en reina regente hasta la mayoria de edad de Isabel II. Mujer de mucha cama enseguida halló consuelo en brazos de Agustín Fernando Muñoz Sanchez.


Los padrinos del bautizo de Isabel II fueron Francisco de Paula Antonio de Borbón y Borbón-Parma y Luisa Carlota de Borbón-Dos Sicilias y Borbón, padres de Francisco de Asís, años más tarde designado a dedo como marido de Isabel II. Los preceptores de Isabel II, lejos de cultivarla, la sumieron en la brutalidad y la ignorancia para así mangonearla a su antojo. Simpática, espontánea y una mezcla de majestad y ordinariez, escribía con letra torpe y muchas faltas de ortografía. Durante su infancia apenas tuvo contacto con su madre, Maria Cristina de Borbón-Dos Sicilias, dedicada en cuerpo y alma a parir hijos de Agustín Fernando Muñoz Sanchez, sargento de la Guardia Real y después teniente general, senador vitalicio y duque de Riánsares a raíz de su matrimonio clandestino con la reina regente el 12 de octubre de 1844 (clandestino para mantener ella el privilegio de ejercer la Regencia del Reino por cuanto tratándose de un matrimonio morganático o matrimonio entre "desiguales" hubiera sido destituida como así ocurrió). Las conspiraciones palaciegas y los negocios clandestinos de la reina regente (entre los cuales estaba el tráfico de esclavos) provocaron la revolución de 1840 encabezada por el general Joaquín Baldomero Fernández-Espartero Álvarez de Toro contrario a la camarilla de María Cristina partidaria del Antiguo Régimen (privilegios feudales de la Iglesia y la aristocracia).


En 1840, el general Espartero , aprovechando la circunstancia del matrimonio clandestino de María Cristina, dio un golpe palaciego y la obligó a exiliarse en París. El general Espartero asumió la Regencia del Reino y nombró institutriz de Iabel II a la condesa de Espoz y Mina, una bella y culta viuda de cincuenta años de edad.Tres años después de haber asumido la regencia, el general Espartero también se vio obligado a huir de España. Todo comenzó tras ordenar el bombardeo de Barcelona dejando un reguero de víctimas mortales. Destituyó al jefe del Gobierno y disolvió las Cortes Generales. Pero los generales "progresistas" Prim y Milán del Bosch encabezaron un levantamiento militar al grito de "¡Abajo Espartero! ¡Mayoría de edad de la Reina!". La insurrección castrense se extendió como un mancha de aceite por toda la geografía española. La incorporación de los generales Narváez y Campos; Gutiérrez de la Concha e Irigoyen y González de la Pezuela (exiliados hasta entonces tras la ejecución del teniente general Diego de León y Navarrete por sublevarse anteriormente contra Espartero) obligó al Regente del Reino a dar marcha atrás en sus planes de atacar Valencia, cuartel general de la autoproclamada Junta Revolucionaria. La incorporación del general Francisco Serrano y Domínguez a la conjura dio jaque mate a Espartero, el otrora "Pacificador de España", la "Espada de Luchana", el héroe de cuántas batallas protagonizó fuera y dentro de España. El 30 de julio de 1843, fracasado su intento de retomar Sevilla y con las tropas del general Gutiérrez de la Concha pisándole los talones con una orden de fusilamiento, huyó del Puerto de Santa María a bordo del barco inglés "Malabar" rumbo a Lisboa.


Isabel II, una niña de 13 años, fue declarada mayor de edad y entronizada para evitar una nueva regencia. Comenzaba su reinado marcado por los intereses partidistas de unos y otros. Unos tiraban de ella para un lado y otros para el lado contrario. Tres años después su madre, Maria Cristina de Borbón-Dos Sicilias, regresó a España y le anunció su boda con su primo Felipe de Asís. Isabel II rompió a llorar: "¡Noooo! ¡No quiero casarme con Paquita! ¡Con Paquita, nooo!"


Pero el matrimonio de conveniencia ya estaba acordado para contentar los intereses de Francia e Inglaterra. El 10 de octubre de 1846, a las diez de la noche, contrajo matrimonio en el Salón de Embajadores del Palacio Real. Primero lo hizo su hermana Luisa Fernanda con el duque de Montpensier, Antonio María de Orleans y Borbón-Dos Sicilia, hijo del futuro rey Luis Felipe I de Francia (inicialmente éste trató de casarlo con Isabel II pero la reina Isabel I de Inglaterra se opuso e incluso amenazó con la guerra si Francia y España se aliaban por lazos de sangre) y luego ella con Francisco de Asís de Borbón y Dos Sicilias, nieto de Carlos IV y de María Luisa de Borbón-Parma. Madrid se vistió con las mejores galas. Adornos en las calles, danza, música, teatro, suelta de palomas, fuegos artificiales, misas, corridas de toros.


Un bomboncito de dieciséis años obligado a compartir el tálamo parrandero con un homosexual; sin duda tan desgraciado como ella por los manejos dinásticos entre las potencias europeas. ¿Cuánto tardó Francisco de Asis en tomar posesión de sus derechos conyugales? La reina cada vez estaba más desesperada. Empezó a divertirse por su cuenta. Cuando el rey consorte se levantaba, ella se acostaba. Un día, como Francisco de Asís continuaba sin tomar posesión de su cuerpo, ella lo echó de la cama real y ordenó que sacaran la ropa y demás enseres de aquel caballero y que lo enviaran todo bien empaquetado al palacio de El Pardo. "He vuelto a ser una mujer libre, soltera". Por suerte para ella, Francisco de Asís no quiso instalarse en París con los gastos pagados, pues más tarde lo utilizó en su estrategia de mantener la corona. El cornudo cobraba un millón de reales por cada hijo putativo reconocido oficialmente hasta el nacimiento del futuro Alfonso XII, hijo presuntamente del capitán de Ingenieros Enrique Puigmoltó y Mayans.


A Isabel II la consideraban frívola, coqueta, libidinosa. Sin embargo todos aquellos "moralistas" desde su más tierna infancia estuvieron buscándole marido. Uno tras otros todos los candidatos fueron rechazados por desacuerdos entre las monarquías de Francia, Austria e Inglaterra. Finalmente el infante Francisco de Asís (hijo de los padrinos de bautizo de Isabel II) resultó elegido para el sacrificio. De andares delicados, a la edad de 24 años nadie lo había visto jamás de relajo con mujeres. De golpe y porrazo, por el hecho de haberse convertido en rey consorte, fue nombrado capitán general de los Ejércitos y mariscal de campo sin haber empuñado nunca un arma.


"Isabelona / tan frescachona / y don Paquito / tan mariquito" (cantaba el "populacho" por las calles de Madrid).

El novelista grancanario Benito Pérez Galdós, en su obra "Bodas Reales" de la serie Episodios Nacionales, escribió: "Así, el duque de Montpensier se casó con la hermana pequeña de Isabel II, Luisa Fernanda. Fue una desgracia histórica pues la política española habría sido muy distinta si Isabel II, en vez de casarse con el pusilánime Francisco de Asís, que ella despreciaba porque era incapaz de darle satisfacción sexual, lo hubiera hecho con un hombre de valor, carácter y virtudes como Antonio de Orleans y Borbón, héroe en la conquista de Argelia".


El primer aniversario de boda lo celebró con el general Francisco Serrano Domínguez. Iban juntos a montar en caballo, a ver obras de teatro, a bailar en las fiestas populares. Aquella tarde, el "general bonito" la cogió por la cintura y le dijo con voz cadenciosa: "Majestad, la boca se me hace agua. Quiero comerte de norte a sur con parada y fonda en el ecuador. No voy a dejar de ti ni las migajas". "¡Paco! -exclamó ella-. Has tardado mucho en decidirte. Estoy loca por ti. Quiero entregarte mi cuerpo, mi alma, mis noches". El general Serrano hundió la mano en la guerrera y sacó un envoltorio. Dijo: "Espérame esta noche vestida sólo con esto. Te lo quitaré con la boca".


Isabel II tomó un baño de agua tibia con pétalos de rosa y después se puso aquellas bragas de color rosa con encajes de puntillas. Se tumbó en la cama y se cubrió con una colcha. Temperatura agradable en el aposento. Abrió las piernas debajo de la colcha y hundió sus manos allí donde el sol no penetra. Estaba mojada, caliente, impaciente. Los nudillos de una de las camareras del palacio golpeó tímidamente en la puerta. Asomó la cabeza, anunció: "Majestad, el general Serrano".


El militar, sin apenas despojarse de ninguna prenda, apartó la colcha y besó a la reina en el cuello, en los pechos, en las piernas. "¡Isabel, qué buena estás, cabrona! ¡Te voy a partir el culo!". La besó en las bragas, debajo de las bragas. Se las quitó con los dientes mientras contemplaba a la reina con mirada de hambre. Levantó las dos piernas de ella y empezó a besarla en los labios verticales, a darle lametazos en el clitoris, a hundir la lengua en la sima del Monte de Venus. La reina no dejaba de gemir ruidosamente mientras sus manos apretaban con fuerza la cabeza del general contra sus entrañas. El militar de vez en cuando la miraba a los ojos mientras le mostraba su lengua juguetona y la polla enhiesta como el bauprés de un velero bergantín. La besó en la boca. Preguntó: "¿Te gusta?". ¡Me encanta!". "¿Qué te encanta?". "Que me beses así". "¿Sólo en la boca?". "En todas partes; donde tu quieras". "¿Te gusta en el chocho?". "¡Sí!". "No te he escuchado bien. ¿Dónde te gusta que te bese?". "En el chocho". "Dímelo más alto" -dijo el general Serrano mientras continuaba acariciándola donde las piernas se juntan. "¡En el chooocho!". "Eres muy puta, Majestad, y eso me vuelve loco". "¡Soy toda para ti! ¡Soy tu perra, tu esclava!". La amarró con las manos detrás de la espalda y le tapó los ojos con un antifaz. Mientras la cabalgaba como una yegua desbocada no dejaba de propinarle nalgadas. Ella terminó con la popa roja como un tomate de la huerta murciana. El general Serrano le acercó su pene a la boca. La reina quiso atraparlo entre sus labios, pero el militar se retiró levemente. Isabel II buscaba a ciegas dónde se hallaba aquel pedazo de carne humana para chuparlo hasta vaciarlo de placer. "No seas, malo, dame la pinga" -dijo. "Búscala, estoy aqui" -respondió el general Serrano. Cuando el sol rompió el horizonte se quedaron dormidos.


Las idas y venidas tanto del general Serrano al palacio como de la reina a los cuarteles del Ejército disgustó a Francisco de Asís. No estaba molesto por ser un cornudo de tomo y lomo porque su querencia no era tanto dar como recibir, y para recibir cariño ya contaba con su novio. En realidad no llevaba bien el escándalo protagonizado entre la reina y el general Serrano, a quien consideraba un "pequeño Godoy" porque "el verdadero Godoy para obtener el amor de mi abuela primero enamoró a Carlos IV". Un día, estalló: "¡Que Serrano desaparezca de mi vista!". El jefe de Gobierno Ramón María Narváez y Campos dispuso el traslado del general Serrano lejos de Madrid. "¡No firmo la orden de traslado!" -protestó la reina. "Majestad, no es de vuestra competencia el traslado de los militares" -respondió el general Narváez. "¡Pues no firmo el decreto!". Sin embargo no contaba con la deslealtad de su amante Francisco Serrano Domínguez, a quien le pagaron una millonaria "indemnización por alejarse de la reina. Isabell II le escribió una nota: "Te he entregado mi amor, me he arriesgado por ti y ahora me abandonas por dinero. ¡Eres un cobarde!".


Francisco de Asís, un conspirador más contra Isabel II, a la que acusaba de loca con la esperanza de incapacitarla para reinar, sonrió por fin con la desaparición del "pequeño Godoy". Pero ¿quién fue el otro Godoy, el verdadero según Paquito? Manuel Godoy y Álvarez de Faria nació en un pueblo extremeño en el seno de una familia noble. Alto, musculoso y de amena conversación, pronto sedujo de palabra tanto a Carlos IV, rey de España 1788-1808, como a María Luisa de Parma, nieta de Luis XV, rey de Francia, y esposa de Carlos IV. Tiempo después también sedujo de obra a Maria Luisa de Parma, casada con el pánfilo de Carlos IV a la edad de catorce años. Cuando llegó a Madrid no le cayó bien a Carlos III, rey de España 1759 - 1788 y padre de Carlos IV por sus modales desenvueltos y por su tendencia a coquetear a diestra y siniestra. A María Luisa de Parma tampoco le gustó su futuro suegro. "Es feo como pegarle a un padre", dijo.


Cadete Supernumerario en Palacio, Primer Secretario de Estado, coronel de Caballería, secretario de la Reina, Gentiholhombre de Cámara del Rey, mariscal de campo, capitán general de los Reales Ejércitos, gran almirante con tratamiento de Alteza Serenísima, presidente del Consejo de Estado, Grande de España, Toisón de Oro, Príncipe de la Paz. Pocos hombres aparecen en la historia de España con tanto poder como Godoy, y sobre todo en tan poco tiempo. Casi veinte años de edad separaban a la hechizada María Luisa de Parma del apuesto Godoy. Eugenio Eulalio Palafox Portocarrero, Juan María Pignatelli de Aragón y Wall, Agustín de Lancaster y Araciel. Ella no volvió a tener más amantes. "Sólo te amo a ti". Un día, para emparentar a Godoy con la dinastía Borbón concertó su matrimonio con Maria Teresa de Borbón y Vallabriga. "Te casarás con ella, pero seguirás siendo mi propiedad privada. Nadie más que yo estará en tu pensamiento". Pero en realidad se trataba de alejarlo de Josefa de Tudó y Catalán, Pepita Tudó. Sin embargo no surtió efecto. Godoy siguió de parranda con Pepita Tudó, con la reina consorte y ahora también con su esposa borbónica. Un macho y tres hembras, la ilusión de todo hombre. María Luisa de Parma lo citó en su gabinete. "Como te vuelvas a acostar con esa pelandusca te corto los huevos". Después se levantó la falda y le mostró sus piernas desnudas. "¿Te gusto?". El ajetreado Godoy puso manos a la obra. El reinado de Carlos IV terminó en una nueva tragedia para España. Confinados en Roma por Napoleón tras la forzada abdicación de Carlos IV (preludio de la invasión francesa), la reina consorte murió en brazos de Godoy.


El duque de Montpensier, cuñado de Isabel II, nunca dejó de soñar con la regencia e incluso con el reinado de su esposa o hijos a la vista de la homosexualidad de Francisco de Asís. Sin embargo Isabel II remedió las carencias maritales teniendo varios hijos con diferentes amantes (políticos, militares, cantantes de ópera, músicos, escritores, aristócratas) reconocidos oficialmente más tarde por el propio rey consorte bajo pago de un millón de reales por cada retoño. El duque de Montpensier abandonó la estrategia de una reina sin descendientes y financió la "Revolución Gloriosa", encabezada por los generales Juan Prim y Prats y Francisco Serrano Domínguez, respectivamente, y el contralmirante Juan Bautista Topete y Carballo (equivocadamente mencionado como almirante en "el rincón del vago" y en wikipedia) con la idea de postularse después como sustituto de Isabel II.


Cuando Isabel II asumió la corona España vagaba entre el Antiguo Régimen (anclado en los viejos privilegios de la nobleza, los terratenientes y la Iglesia) y la modernidad de la mano de la burguesía y de la Constitución de 1812 (que consagraba la soberanía nacional depositada en el pueblo; la separación de poderes y los derechos individuales). En poco más de veinte años como reina juramentó a ocho presidente de gobierno. Inestabilidad política, conspiraciones partidistas, levantamiento popular en Cuba, protestas violentas de obreros y campesinos y una nueva sublevacion carlista. La gente vociferaba en las calles: "¡Abajo los Borbones¡ Mueran los bribones!". La "Revolución Gloriosa" descabezó la corona y el general Serrano asumió la Regencia del Reino mientras se buscaba otro monarca. La reina abandonó España acompañada por sus hijos y su amante Carlos Marfiori Calleja y Francisco de Asís huyó con su novio. Ella se instaló en el Palacio de Castilla y Francisco de Asís en un apartamento cerca del bosque de Bois de Boulogne, donde iba cada mañana a pasear a sus perros "Puigmoltó", "Arana" y "Tenorio" (nombre de algunos de los viejos amantes de Isabel II).


El general Prim apostó por Amadeo de Saboya, duque de Aosta e hijo de Víctor Manuel II de Italia, como futuro rey de España, trágica apuesta porque el duque de Montpensier urdió su asesinato. Mientras se negociaba con Amadeo de Saboya (éste condicionó su aceptación a ser nombrado por las Cortes Generales), tuvo lugar un duelo a pistola entre Antonio María de Orleans y Enrique de Borbón (hermano de Francisco de Asís) por un cruce de insultos de honor entre ambos. Duelo de duques y de aspirantes a la corona de España (Enrique de Borbón incluso llegó a ser propuesto como marido de Isabel II en vez de su hermano Francisco de Asís). El duque de Sevilla se destacaba por sus ideas contrarias a la reina Isabel II y por su acercamiento a los partidarios de la república. Aquella mañana del 12 de marzo de 1870, ambos duelistas llegaron a la Escuela de Tiro de la Dehesa de Carabanchel vestidos con la reglamentaria levita de color negro y acompañados de sus respectivos padrinos; tres diputados republicanos por parte del duque de Sevilla. El duque de Sevilla perdió la vida y el duque de Montpensier sus aspiraciones a reinar en España. Dada su condición de capitán general (nombramiento otorgado a dedo por Isabel II) se convocó un consejo de guerra. Lo condenaron a un mes de arresto porque consideraron "accidental" la muerte del hermano del rey consorte y bisnieto de Carlos IV. La segunda condena recayó el 16 de noviembre de aquel mismo año, cuando, las Cortes Generales, por 191 votos, proclamaron Rey de España a Amadeo I de Saboya contra 27 votos a favor del duque de Montpensier. El cuñado de Isabel II repudió el nombramiento de Amadeo I. Perdió su grado de capitán general y terminó confinado en Baleares. Regresó a Madrid cuando Amadeo I abandonó España y se proclamó la I República.


Apenas dos años después de su proclamación como presidente republicano, Estanislao Figueras y Moragasa huyó de España porque "estaba hasta los cojones de los españoles". Cayo Isabel II, cayó Amadeo I, cayó la I República. Lo sustituyó Francisco Pi y Margall. La disolución del Congreso de los Diputados por parte del general Manuel Pavía y Rodríguez de Alburquerque y el posterior pronunciamiento del general Arsenio Martínez-Campos Antón partidario de la Restauración Borbónica dieron paso a la proclamación de Alfonso XII como rey de España. Hijo putativo de Isabel II y el capitán de Ingenieros Enrique, llegó a España en enero de 1875, un espejismo histórico... Cayó Isabel II, cayó Amadeo I (renunció por la ingobernabilidad de los españoles), cayó la I República... España sin futuro... Conato de guerra en 1898 con EEUU y pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas; fin del reinado de Alfonso XIII en 1931 y proclamación de la II República; Guerra Civil 1936-1939 (un millón de muertos); pérdida de Marruecos y Guinea Ecuatorial... España, otrora Imperio y ahora sin apenas presencia en el mundo... España potencia mundial en turismo, monumentos y corrupción... España, una puta mierda en justicia.


Tras la Restauración Borbónica, Alfonso XII asumió el trono de España y contrajo matrimonio con María de las Mercedes, hija del duque de Montpensier. El cuñado de Isabel II por fin iba a ver a una descendiente suya reinando en España. Pero la felicidad apenas le duró unos meses por la repentina muerte de la bella reina consorte. Antonio María de Orleans y Borbón pretendió infructuosamente casar a otra de sus hijas con Alfonso XII, pero éste permaneció viudo hasta contraer matrimonio con María Cristina de Habsburgo-Lorena.


La reina Isabel II, resentida con su hijo por haberse casado con la hija de uno de sus más obsesivos enemigos, volvió a reconciliarse con Alfonso XII cuando él contrajo matrimonio en segundas nupcias con la archiduquesa de Austria y madre del futuro Alfonso XIII. Poco después murió el hijo de Isabel II y asumió el trono su nieto. Cuando Isabel II falleció el 9 de abril de 1904, España mandó cuatro regimientos de Infantería y uno de Caballería para rendirle honores durante el cortejo fúnebre por las calles de París hasta la estación ferroviaria de Quai d'Orsay, donde embarcaron los restos mortuorios. La tumba de Isabel II se halla en el Monasterio de El Escorial, donde también descansan los restos de Francisco de Asís en el panteón dedicado a las reinas consortes.

P.D.- Exiliada en París y divorciada de Francisco de Asís, el presidente del Gobierno español Práxedes Sagasta y Escolar le devolvió las cartas más comprometidas de sus amantes, aquellas cartas que usaron sus enemigos para chantajearla como reina de España. Carta de Isabel II a un amante turco-albanés, fechada el 4 de mayo de 1870 en Paris:


Jorge de mi vida, alma del alma mía. Te adoro a cada instante más y más y más. Mi vida, mi alma y mi cuerpo son tuyos. Yo te idolatro, Jorge mío. Siento mi vida toda dentro de tu vida bendita mía. Sí, yo te enseñaré el castellano; tú ya lo sabes, mi vida. Yo también de seguro entiendo el albanés, porque te adoro y el amor verdadero, el amor del alma, hace que se hablen todos los idiomas del mundo, porque el lenguaje del amor es superior a todos. Sí, alma mía; sí, mi vida; sí, mi Jorge adorado, tú me enseñarás el albanés y el inglés y todos los idiomas, y yo te enseñaré a ti el lenguaje de mi alma, que es la tuya misma y que te adora infinito, infinito. Puesto que lo quieres, cuando tú vayas a España, me quedaré en París esperando que tú me llames, vida de la vida mía, y entregues a mi hijo el cetro y corona de España. Yo puede que cuando tú menos te esperes me encuentres a tu lado. Mi Jorge, yo no temo los peligros. Nuestro amor nos serbirá de escudo. Pero quiero que tú reposes de tus fatigas en mi pecho, que se abrasa de amor por ti. Yo quiero la corona para mi hijo y para ti, Jorge mío, yo solo quiero la corona de la felicidad que tú me darás y que ya siento dentro de mi corazón, que es tuyo, y que te adora y admira como mereces. Y yo solo quiero estar a tus pies siempre y hacerte muy feliz como lo espero, Jorge de mi vida. El lunes nos veremos y seremos felizes. Si no pudiera ser el lunes, será el martes sin falta cuando Dios nos abrirá todos sus cielos estando abrazados. Y decidiremos todo, y el universo se sonreirá de felizidad al ver nuestra felicidad Toma estas rosas, vida de la vida mía, del color de nuestro amor. Les he dado para ti millones de amantes besos. Ellas te llevan toda la pasión de esta mujer que te adora.

Isabel.

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RAFAEL SÁNCHEZ ARMAS

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