CRÓNICAS DE RAFAEL SÁNCHEZ ARMAS

Vegueta dio origen a la primera ciudad española de Canarias y América, pero La Isleta la hizo famosa por el puerto de La Luz, segundo del mundo en TRB durante una época detrás de Nueva York. La Isleta símbolo de Las Palmas de Gran Canaria con sus colinas volcánicas recortando el horizonte y el faro guiando la navegación marítima desde 1865. Ni en la playa de Las Coloradas ni en la del Confital está permitido coger marisco ni pescar. Sin embargo Juanito Cardona González el mentiroso propuso construir una planta regasificadora en La Isleta para transformar el gas líquido importado en combustible para la central eléctrica (alimentada por petróleo) de Juan Grande, a 50 kilómetros de distancia. Una planta regasificadora, un muelle donde atraquen los barcos metaneros, gaseoductos... La polvareda desatada ha dejado la idea en agua de borrajas, por lo menos de momento.

Una parte de La Isleta es zona militar desde finales del siglo XIX. Durante el Alzamiento Militar del 18 de Julio muchos antifranquistas fueron encerrados en el campo de concentración improvisado en La Isleta y fusilados en el campo de tiro del Ejército. Décadas más tarde, a la edad de 17 años, aprendí a disparar en ese mismo campo de tiro, gracias a las relaciones de mi patrón, Juan Luis Quevedo Peano (comerciante de ultramarinos y distribuidor de carabinas inglesas), con determinados oficiales del Regimiento de Artillería. A pesar de mi juventud fui uno de los primeros socios de la embrionaria Federación de Tiro de Las Palmas.

La Isleta cuna de la clase obrera grancanaria. El 15 de noviembre de 1911, seis trabajadores partidarios de José Franchy Roca, posiblemente el político más honrado de la colonia hasta ahora, fueron asesinados por la espalda por miembros de la Guardia Civil. Rafael Tarajano Barrera, pariente de Antonio Betancort Barrera, portero del Real Madrid y de la selecciòn española de fútbol, y de Cesáreo Barrera Moya, campeón de España de boxeo, también nació en La Isleta. Rafael Tarajano Barrera, nieto de un comerciante italiano enamorado de la diversidad climatológica del minicontinente grancanario (eterna primavera en la costa norte; frío y nieve en la cumbre entre diciembre y febrero y clima subdesértico en el suroeste de la isla), tuvo hijos en todas partes y responsabilidades en ninguna. A mediados de la década de 1950 emigró a Caracas, pero una inesperada enfermedad del trópico lo mandó de vuelta a Canarias. Se instaló en la isla del oeste, donde, a la sombra del volcán Teide, editaba una revista de "ecos sociales" de emigrantes canarios en Venezuela. Rafael Tarajano Barrera pudo haber nacido en Colombia, donde una tercera parte de los hijos son extraconyugales. Mi hermana heredó de mi padre biológico el cabello rizado y yo el tono de voz romántica (me repugna la gente vociferante) y los buenos modales. Voy a procurar ser exquisito con ese Hijo del Sida de nombre Antonio Martín Ferradal, juez del Registro Civil de Murcia.

Mi madre tuvo dos hijos extraconyugales con Rafael Tarajano Barrera; mi hermana nació cuatro años y pico después. Mi padre biológico jamás soltó un duro (tres céntimos de euro) para nuestros gastos. Mi madre nos sacó adelante trabajando hasta la extenuación. La recuerdo flaca como un pejín. Cada noche me daba una tollina por no hacer las cosas como Dios manda. También cada noche, cuando regresaba de coser a domicilio, repartía entre mi hermana y yo un filete de carne que no se comió en el almuerzo o galletas y chocolate de su merienda. Yo hacía los mandados de baja cuantía. "Vete a la tienda y compra tres huevos, una peseta de mantequilla y un cuarto de medio de azúcar. Nada de golosinas ¿eh?". Cuando terminaba de asearnos y darnos de cenar (y a mi la tunda correspondiente por ser Barrabás), mi hermana y yo nos acostábamos y ella continuaba gastando la vista hasta las tantas entre tijeras, agujas y dedales a la luz de un quinqué de petróleo. Recuerdo sus blusas, hechas por ella con simples tiras por detrás. En ninguna parte se quitaba la chaqueta para no descubrir la penuria. Recuerdo mis calzones remendados por los fondillos de tanto sorroballarme jugando en cualquier parte. "¿Otra vez has descosido las playeras? Cualquier día te mato si te veo jugando a las chapas con las playeras puestas". Recuerdo la primera comunión. Menos el uniforme de "almirante" (confeccionado por mi madre) el resto (zapatos de charol, misal, rosario) prestado o regalado. Tres almirantes ha parido Las Palmas de Gran Canaria. Fernando Meléndez Bojart, nacido en 1900; Rafael Morales Romero (nieto del contralmirante Bartolomé de Morales y Mendicutia, primer comandante de Marina de Las Palmas, y sobrino "post mortem" del poeta Alonso Quesada) y yo, naturalmente... En el callejero aparece también Wenceslao Benítez Inglot, pero no pasó de contralmirante.

Mi madre una vez me amenazó con internarme en la Casa del Niño. Lo hizo, pero no por mi mala cabeza, sino precisamente para aprovecharla. "Ya no podemos enseñarle nada más a Falito -dijo don Manuel el maestro-. Procure hacer un esfuerzo para que estudie el bachillerato". Eso sucedió a la edad de once años, y en la escuela mis compañeros rondaban los catorce y quince años porque yo saltaba los cursos de dos en dos. ¡¡Coño con mi madre!! ¿Mala cabeza yo? Pero si era una lumbrera... Entonces ¿por qué tanta preocupación por fugarme del colegio de vez en cuando para ayudar a los marineros de la playa del Lugo a recoger el chinchorro lleno de sardinas, o para auxiliar a un vedendor de dulce por los andurriales de la ciudad a cambio de una ensaimada de crema y conducir yo el triciclo, o hacer una excursión a la curva de los Tarahales a "guirrear" contra otros chiquillos? Estuve en la Casa del Niño unas tres semanas, pero mi madre me echaba de menos. El regreso a la libertad lo celebré revolcándome en las plataneras con Olguita, mi novia de toda la vida desde los cinco o seis años. De ahí en adelante, a trabajar (aprendiz de operario en un taller de rótulos luminosos, cantinero en el Cine Bahia, botones en el Instituto Canario de Estudios Económicos, recadero en la Librería Cervantes, auxiliar administrativo en el almacén de ultramarinos de Juan Luis Quevedo Peano) para ayudar a mi madre siempre bajo su férreo control. Sin embargo ahora descubro, por boca del Hijo del Sida Antonio Martín Ferradal, que mi madre fue una puta por tener dos hijos soltera. Para este juez basura todas las mujeres son unas putas, menos su madre, naturalmente. ¿Te has hecho ya la prueba de ADN, fascista de mierda? ¿Se la podrán hacer tus hijos sin darte un disgusto? El Consejo General del Joder Judicial (la justicia a tu servicio) lo ha sancionado con 3.000 euros? ¡¡No jodan, señores!! Esta escoria de la inadministración de justicia no puede seguir ni un día más "administrando" nada de nada. Este Hijo del Sida me ha recordado a otro juececito pendiente de investigación. Fernando Goizueta Ruíz se llama la criatura. Falsificó un documento en unas diligencias previas relacionadas con mi madre, torturada por el régimen nazi catalanogeriátrico hasta la muerte. La mafia catalana del 3 per cento di commissione no investigó nada en represalia por haber metido yo el hocico en sus turbios negocios y el fiscal general del gobierno de DON Giuseppe Aznar López tampoco, seguramente para no perjudicar la "entente cordiale" entre José María Aznar y Jordi Pujol Soley. Paquito impune y Antoñito multado simbólicamente. ¿Se atreverá este Hijo del Sida a querellarse después de haber insultado a mi madre?

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RAFAEL SÁNCHEZ ARMAS

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